martes, 25 de mayo de 2010

"PASAJE AL SUBIR"...

Soy un constante usuario del transporte público de esta ciudad. O dicho en otras palabras, soy un ciudadano a pie. Si se quiere ser más despectivo, pueden decir que soy un pelabola que anda en carrito y en metro. Ni modo, sea cual sea el epíteto que mejor se adapte al interlocutor en cuestión, el hecho verdadero es que me la paso compartiendo espacio y tiempo, casi a diario, con el llamado "pueblo" "Juan Bimba" o "populacho".

Sería ya asunto de otro tema la razón del por qué no ando moviéndome actualmente en un flamante BMW, o en una llamativa Merú. O ni siquiera en un humilde Corsa. Bastaría resumir que el Doctor Rodríguez (mi padre) me ofreció un vehículo en primer año de mi carrera en la Universidad, nuevecito de agencia. Luego la oferta fué modificada y se pasó a uno usado. Yo me negué, por supuesto, como buen muchacho malcriado. "Entonces no hay carro!!!", me dijo mi no tan malcriador viejo. Al final dicha disputa se redujo a "cuando tenga dinero te lo compro". Y bueno, entre año y año llegó mi graduación, al final me quedé sin el chivo y sin el mecate. Con el título de abogado vino el fin de la suscripción a Fundapapá, así que a partir de entonces entendí que cualquier vehículo automotor que aspirara a tener, tendría que ser pagado por mi bolsillo, desde el primero hasta el último bolívar.

Pero bueno, mientras todavía sigo reuniendo para ver si llego a un carrito iraní aunque sea, me muevo en la ciudad, bien sea en metro, taxi, mototaxi o, no faltaba más, en los pintorescos autobuses "por puesto" que pululan en nuestras congestionadas calles. Y fue allí, en uno de esos particulares viajes, que descubrí de manera cierta, una de las características más notable de nuestra nacionalidad, y que yo relaciono de manera directa con todo el mundo "irreal" en el que vivimos actualmente, ese mundo que nos tiene andando "pa atrás" como el cangrejo.

En el "por puesto" que abordé en estos días, se encontraba pegado, de manera clara, un letrerito fácilmente visible para cualquier pasajero, el cual contenía las siguientes tres palabras: "Pasaje al Subir". Directriz demasiado clara como para admitir algún tipo de "interpretación extensiva" de la norma, hablando en términos jurídicos. Evidentemente, la intención del admirable y laborioso chofer de esa unidad era que cada pasajero pagara su pasaje apenas se montara en el vehículo. Yo lo hice, pero debo admitir que me costó un poco sacar de una buena vez mis 2 Bs sin ni siquiera haber iniciado el trayecto. Y es que música paga no suena, dicen por allí.

Sin embargo era increíble como en todo el trayecto que duró el viaje, NI UNO SOLO le hizo caso al letrero. Todos subían y se instalaban en los rústicos asientos de la unidad, sin ni siquiera inmutarse sobre la directriz claramente pegada en la pared del carrito. Todos, absolutamente todos los pasajeros pagaban era al bajarse, no al subirse. Tampoco el chofer estaba muy interesado en hacer cumplir la norma. Al contrario, con su silencio, dejo o lo que fuera contribuía a ese incumplimiento masivo de la ley que se estaba escenificando ante mis ojos.

Y entonces comencé a recordar tantas cosas que nos caracterizan como "ciudadanos" de esta Tierra de Gracia. Ejemplos similares de como somos y como nos comportamos comienzan entonces a tener sentido. Y es que, definitivamente, y fuera de toda duda, el venezolano AMA la anarquía. Le encanta ser parte de una tierra sin ley ni orden, y lamentablemente, eso se refleja en todas las capas y en todos los niveles de nuestra sociedad.

Se recuerda entonces como a los peatones de nuestras calles les cuesta casi un ojo de la cara, esperar a que una simple lucecita verde les permita el paso. Que va. Ellos siempre están demasiado apurado como para aguantarse 5 minutos en una esquina hasta que ese fastidioso aparato amarillo les coloque el muñequito en pose de caminar. Es sorprendente observar como de cada 10 personas, solo una (a la cual seguramente más de una vez lo habrán puesto de pendejo) espera su luz de cruce. El resto se lanza en una manada hambrienta por alcanzar la otra orilla de la calle, no importa que vengan carros por la vía. Ellos los esquivan y punto. Por supuesto, todo esto se hace en las narices del fiscal de tránsito, el cual, si mal no recuerdo, recibe una remuneración, pagada del bolsillo de todos los venezolanos que cancelan sus impuestos, para precisamente evitar que esas cosas se produzcan.

Ah pero, ¿que decir de los "adinerados" y "burgueses" conductores de cuanto vehículo de lujo transitan nuestras maltratadas calles? Cualquier clasista disfrazado de esos que frecuentan los sitios mas exclusivos de la ciudad seguramente afirmará que, por lo menos en este segmento, la costosa educación pagada por sus familias en los mejores y más caros institutos educativos del país se reflejará en la conducta que los mismos observan en el cumplimiento de las normas y leyes que rigen nuestra vida en sociedad. Y es que esa denominada "Clase A", "Clase B" "A+," o como quieran llamarla, es sin duda, el reflejo de país que todos queremos ser.

Pero, (porque siempre hay un pero) eso no es exactamente así. Estas personas seguramente hablarán 4 idiomas mínimo, habrán visitado medio mundo, estarán al tanto de las fluctuaciones de la Bolsa en 7 ciudades distintas, y podrán recitar de memoria el último informe financiero del Banco Mundial, y sin embargo, SE LES VA LA VIDA en poder colocar su flamante carro detrás del rayado de peatones, por donde deben cruzar aquellos "pendejos" que sí respetan su señal de cruce. Es increíble como una maniobra tan sencilla no es realizada por casi ningún vehículo en esta ciudad. El peatón siempre debe hacer su respectivo zig-zag por los carros porque, sencillamente, su paso natural, el rayado de peatones, está completamente cubierto de cauchos y ruedas. Por supuesto, el fiscal de tránsito también está allí, pero, no le exijan mucho vale. Ya bastante hace con llegar a la hora a su trabajo.

A estos dos ejemplos, tan simbólicos de la cotidianidad caraqueña, se le pueden agregar muchos más. Como aquella final de fútbol donde estaba prohibida la venta de alcohol y, sin embargo, la plaza aledaña al estadio estaba literalmente llena de latas vacías de cerveza, mientras las que estaban llenas eran placenteramente vaciadas por los gañotes de los aficionados, ante la mirada pasiva de las autoridades policiales. "Esto es Venezuela pana", se escuchó decir a un sonriente joven a la distancia. Triste pero cierto.

O también se puede acudir a esa Hermandad Sagrada de la anarquía caraqueña, como son los motorizados. Estos panas poseen un master en el incumplimiento continuo de normas y directrices. Para ellos no existen semáforos, cruces prohibidos, aceras para peatones ni nada de eso. Tal cual enjambre de abejas asesinas, éstos insectos de cascos y dos ruedas prácticamente invaden y son los dueños de las calles. No hay autoridad que pueda (y lo más importante, quiera) controlarlos. Son la peor pesadilla de los conductores en las calles, sin duda alguna.

Entonces, es el momento en que uno se pone a filosofar políticamente, y comienza a preguntarse: ¿éste es el pueblo al cual se le quiere dar más poder? ¿Estos son los ciudadanos que deciden el futuro de mi país? ¿Estos son los que votan por presidentes, diputados, gobernadores, alcaldes, etc etc? ¿Estos???

Parafraseando en sentido contrario, un viejo adagio jurídico, uno concluye que, definitivamente, "el que no puede lo menos, no puede lo más", y así precisamente es que me siento cada vez que observo como se comporta el grueso de mis compatriotas, en todos los niveles, sobre el cumplimiento de las normas más sencillas de convivencia social. Si somos incapaces de cumplir una simple directriz pegada en la pared de un carrito por puesto, ¿como carajo vamos a poder cumplir, (y exigir el cumplimiento) llegado el momento, con todas las disposiciones constitucionales y legales que garanticen el progreso y desarrollo de la Nación entera?

Tal vez en ese simple hecho de no pagar al subir, tal como lo dice el "fastidioso letrerito", se encuentre la génesis de todo lo que está pasando actualmente en este país. Ese dejo, ese desprecio hacia cualquier regla o norma de conducta o convivencia, es un síntoma de sociedad, que no es exclusivo de ninguna clase o condición social. Todos tenemos ese pequeño anarquista dentro de nosotros, y lo peor, es que cada vez como que toma mayor fuerza.

Y es que esa pequeña escena del pasajero que no paga al subir, y el chofer que no se lo exige, se repite y multiplica en muchos e incontables niveles de nuestra maltrecha sociedad, con las consecuencias que ya muchos en este país conocemos, derivadas de tanto desdén por el cumplimiento de lo que está previamente dispuesto. Así no se va a ningún lado, me parece.

Entonces, ya lo saben. Si alguna vez se montan en un carrito y ven un letrero de "Pasaje al Subir", hagan el esfuerzo, saquen sus dos monedas y paguen su pasaje tal como dice la norma. Quizás, en ese mismo momento, en algún otro lugar, otras personas, bajo otras situaciones, hagan también un pequeño esfuerzo y se decidan, de una buena vez, a cumplir con la Constitución y con las leyes de este país.

viernes, 14 de mayo de 2010

MADERA FINA...

"Voy a arrancarte esa mirada de animal mal herido
y que tus ojos se convenzan de la suerte que tuvimos
de tener Madera Fina..."



Madera Fina. Así se titula una canción, algo viejita ella (sip, se me cayó la cédula), y la cual vino a mi mente en estos días, cuando mi hermana Rosnel la puso en unos de sus nicks en Facebook, con motivo de su quinto aniversario de casada. (Felicidades Little Sister!!!).

Y es que mi hermanita Rosnel (sip, solo le llevo 15 meses, lleva 5 años de casada y ya es mamá, pero sigue siendo mi hermanita!!!!!) siempre ha tenido cierta similitud en gustos musicales conmigo; no se debe olvidar que casi casi somos morochos, y, bueno, eso de crecer juntos en la misma casa y teniendo casi siempre los mismos amigos y amigas (y enamorados y enamoradas intercambiandose el rol de amigos, cuñadas, cuasicuñados, etc etc) inevitablemente lleva a tener cierta afinidad en algunas cosas, y la música que escuchabamos para entonces no es una excepción.

Y es justo esa referencia musical de mi cuasi morocha, lo que me ha llevado a recordar, de manera un poco torpe, pero recuerdo al fín, sobre lo que significa para mí y con lo que siempre he asociado esa frase "Madera Fina": les hablo, como no, de mi familia.

Familia. Si señor. Todos tienen una. Todos tendrán sus anécdotas y particularidades. Las hay superunidas y las hay superseparadas. Están las tradicionales y están las modernas. Las numerosas y las escasas. Están las millonarias y las humildes. Las hay de todo tipo, y por supuesto, entre todos esos tipos, está la mía.

Cualquier descripción de una familia tiene que comenzar por los jefes, y aquí entonces hay que hablar de la Jefa de la casa. Doña Rosa. Y aquí voy a decir una frase que jamás se ha escuchado nunca: "es la mejor mamá del Mundo". Si señor, porque Doña Rosa es, sin lugar a dudas, la mejor de todo el Universo.

Y no es solo porque ella hace la mejor salsa bologña de todo el Universo (certificado por cada asiduo visitante a la Rodriguera). Tampoco es porque ella es la que siempre estuvo pendiente de uno cuando se enfermaba, ni porque tuvo la capacidad de gerenciar una casa con 5 hijos sin nunca haber pasado por una Universidad ni Postgrado de Gerencia o Finanzas. Mucho menos porque era la que nos empujaba a estudiar cada bendito día de nuestra vida.

Doña Rosa sencillamente es la mejor del Mundo, porque es la persona mas valiente que conozco. Porque desde que quedó huerfana de padre a los 11 años, y el Mundo literalmente se le vino encima a ella y a su familia, tuvo que dejar sus estudios para salir a trabajar. Porque nunca tuvo ningún tipo de complejos a la hora de pasar coleto en una casa de familia, ser secretaria de algún buen doctor o mesonera en algún restaurant. Porque a pesar de que la vida la hizo subir a su ring de boxeo muy joven jamás le rehuyó a esa pelea. Y jamás se olvidó de su familia y de donde venía, cuando la rueda del destino hizo que viviera mejores días. Y de verdad, ya quisiera yo ser lo mitad de valiente que es ella; es un orgullo ser hijo suyo.

Al lado de la magnífica Doña Rosa, está el Doctor Rodríguez. Casi podía jurar que ese era el nombre de mi viejo y no Nelson. Es que siempre que llamaban a mi casa y yo respondía, era lo mismo: "por favor, el Doctor Rodríguez". Es el otro Jefe de la casa. El Proveedor pues. Nadie sabe realmente lo que significa ser sostenedor de un hogar hasta que no pagas la primera cuenta de tu casa. Y es que este señor, solito, con su sueldo de abogado, sostenía un hogar con 5 carajitos!!!.. No estaba nada fácil. También, aquí valga la expresión, nunca antes dicha: "mi papá es el mejor del mundo".

Pero no es el mejor del mundo solo porque nunca nos faltó nada. Tampoco porque era el consentidor del hogar, o era el que nos llevaba al parque los sábados y domingos, o al estadio de beisbol o fútbol. Ni siquiera porque es el único abogado que conozco que jamás se ha quedado callado ante una consulta. Mi viejo es el mejor del mundo, porque me enseñó, de una forma que muchos tal vez no entenderían ni siquiera hoy, a valorar las cosas en la vida. Sin llegar a los extremos, siempre supo darnos la medida justa de las cosas. Nos enseñó que las cosas en la vida cuestan, y que para tenerlas hay que ganarselas. Nos enseñó que el ocupar un alto puesto en el gobierno no es sinónimo de fortunas y prosperidad inmediata. Nos enseñó que un lunes por la mañana no es razón suficiente para amanecer amargado.

¿ Y que decir de mis hermanos? bueno, empecemos por la mayor. Raiza del Valle (si descubre que dije su segundo nombre me mata). Típica hermana mayor y pa más, de signo Escorpio. Chiquita, blanca como la leche y siempre apurada para todos lados. Mandona, regañona, peleona, creo que no hubo hermano que no durara mínimo 3 meses sin hablarle a ella. Sin embargo, con todo y eso, es sin lugar a dudas, "la mejor hermana mayor del mundo".

Y no solo porque era la que nos cuidaba cuando por cualquier razón, (muy pocas por cierto), mamá Rosa no andaba por allí. Tampoco porque, a pesar de todas las peleas que podíamos tener, saltaba como una fiera herida si alguien fuera de la casa decía algo de sus pequeños hermanos. Raiza es la mejor hermana mayor del Mundo porque, sencillamente, siempre nos consintió, a su extraña manera, pero lo hizo. Ella fué la primera que me llevó a una práctica de fútbol. Me acompañó también a mi primer partido en un colegio ajeno (con el miedo que yo le tenía al bus escolar); ella me cuidó cuando me dió paperas y mis viejos estaban de viaje. Y la primera que se atrevió a darme su carro para que lo manejara. También fue ella la que me concedió el honor de ser ahijado de su único hijo.

Y después viene mi otra hermana mayor. Sin lugar a dudas, "la mejor hermana mayor del mundo"..¿ Que no era Raiza? bueno, es que mi familia es de tal calidad que nos damos el gusto de tener a las dos mejores hermanas mayores del mundo pues. La segunda en la línea de sucesión familiar es mi hermana Rina. En su vida jamás conocerán a una persona más calmada y relajada que ella.

Rina es la mejor del mundo, porque para ella no existe la palabra "no" en su diccionario. Flaca, morena clara con el cabello mas indiado de toda la familia (liso pues), no hubo momento en que alguien necesitara algo de ella y se negara. Lo que fuera. Rina es la mejor porque siempre podía plancharme la camisa que necesitaba. Es la mejor porque siempre me preparaba y calentaba la comida cuando Doña Rosa no andaba cerca; o se hacía pasar por la voz de mi madre cuando aquel director enfurecido llamaba para mi casa para notificar que el rebelde estudiante se había jubilado de clase. Es la mejor porque siempre me prestaba el televisor aquellos días en los cuales los hermanos nos repartíamos la propiedad del mismo según el día de la semana. Es la mejor porque siempre te regalaba la mejor de las sonrisas.

El tercero en la línea es mi hermano Nelson. Por supuesto que es el mejor hermano mayor del mundo. Y no solo porque de chiquito fue sobrealimentado y se convirtió en el terror de todos los estudiantes del Colegio y alrededores. Ni tampoco porque no hubo día en que no se liara a golpe limpio con cualquiera que "osara" meterse con sus hermanitos. El más oscuro de la familia, "El Negro" era su apodo de guerra. Campeón de kárate y cuarto bate del equipo de beisbol, siempre con varias novias alrededor, era el ídolo familiar Mi hermano sencillamente es el mejor porque me enseñó a moverme en la calle. Me enseñó que los niños siempre buscan abusar del más débil. Me enseñó a tirar un buen par de golpes y a no mostrarle miedo a nadie. Me enseñó que no siempre el catirito de ojos verdes se lleva a la muchacha más buenota.Me enseñó, a su manera, que no importa lo que pase, con la familia nadie se mete. También me honró al nombrarme padrino de su segundo hijo (Daniel)

Y finalmente, volvemos al punto de partida. Mi hermanita Rosnel. La única hermana menor que tengo y a la cual quise ahogar varias veces en la ponchera de bebé, según Doña Rosa. También es la mejor "little sister" del mundo. Blanca pero no tan paliducha como Raiza, es mi compañera de infancia, compartíamos todos lo que se podía compartir de niño y adolescente entre dos cuasimorochos de sexos distintos. Mi hermanita es la mejor del mundo porque jugaba fútbol conmigo. Es la mejor del mundo porque en el Kinder me iba a buscar todos los días al salón para escaparnos, en una misión suicida, hasta la casa. Es la mejor del mundo porque siempre terminaba tapando el lavamanos del hotel después de echarnos juntos las mejores peas adolescentes en Puerto La Cruz. Es la mejor del mundo porque siempre fumabamos juntos a escondidas. Es la mejor del mundo porque soporto como una macha y como si nada, el dar a luz a Mariana Isabel. Es la mejor del mundo porque nadie pudo tener como hermanita a mejor amiga que ella. Y claro, también me honró, (como no podía ser de otra forma) con ser el padrino de Mariana Isabel.

Y después vienen los sobrinos, por los cuales la vida espera. Los tengo de todo tipo y tamaño: Hector Alexander, primer hijo de Nelson, que va a cumplir 13 años en Julio. Lleva mi nombre, es la cagada de su madre (blanco, cabello castaño) y muy autosuficiente para su edad. Rafael Antonio, que ayer mismo cumplió 12 años. Hijo de Raiza, tiene los rasgos del papá pero el carácter de la familia, y futbolista como su tío. Oriana, la princesita mayor, hija de Rina, no podía esperarse otra cosa que ser la más tranquilita y educada de sus primos. Excelente estudiante y bailarina de ballet, ya se está viendo que el papá va a tener que comprarse una bazooka para espantar a los pretendientes.

Y atrás de ellos vienen los bebés: Daniel Alexander (2 añitos), el cual parece que fue negado por mi hermano Nelson, porque es igualito a su papá, salvo en el color de la piel. Es un verdadero tanquecito y lo más esperanzador, es que patea cualquier pelota que se le dé, y con ambas piernas!!!!...y finalmente, la benjamín de los sobrinos, Mariana Isabel, la niña mas consentida de este mundo. No ha cumplido 4 meses y ya tiene ropa como para 5 años y aproximadamente, 25 pares de zapatos. Y por supuesto, la bebé mas preciosa del mundo.

Yo nunca he sido un tipo muy familiar. Lo admito. Mi familia, como pueden ver, y motivado a circunstancias que no vienen al caso explicar acá, se reduce a mi círculo más íntimo: padres, hermanos y sobrinos. Pero es un círculo amplio, donde cada vez que nos reunimos se vuelven a escuchar esas voces gritonas y chillonas que solo se escuchan en una familia numerosa. Donde la gente se acostumbra a comunicarse con gritos porque es la única forma de hacerte escuchar entre tantas voces y ruidos.

Pero, no obstante no ser el mas familiar del mundo, me gusta saber que ellos siempre están allí. Así como su cariño y afecto. No importa cuantos años han pasado, no importan todas las peleas y palabras que se han escuchado, no importan todas las separaciones que la vida ha traído, siempre vuelven las mismas historias de Doña Rosa, los mismos chistes del Doctor Rodríguez, los mismos regaños de Raiza, las eternas sonrisas de Rina, las típicas burlas de Nelson o la misma complicidad con Rosnel. Y si a esto se le suma el desdén adolescente de Hector Alexander, las travesuras de Rafael Antonio, la tranquilidad de Oriana, las sonrisas de Daniel o las miradas de Mariana, entonces el cuadro se completa, y es el momento en que se comprende definitivamente, tal como dice la canción de Rubén Blades, que "Familia es Familia, y Cariño es Cariño".

Y es que, definitivamente, desde Doña Rosa hasta Mariana Isabel, somos de Madera Fina....


"Somos de Madera Fina, hechos con Sudor y Tierra
Alma y Corazón despiertos
Somos de Madera Fina..."



lunes, 3 de mayo de 2010

LEVANTANDO LOS GUANTES...

Soy un fanático a carta cabal del deporte. Vengo de una familia eminentemente deportiva donde mi abuelo paterno fué uno de los fundadores de la Liga Criollitos de Venezuela (El maltrecho Estadio de Beisbol de la no menos maltrecha Urbanización Palo Verde lleva el nombre de "Luis Rodríguez" en honor a tan insignie pariente); y mi papá y todos mis tíos jugaban beisbol y softbol religiosamente cada sabado y domingo hasta que la barriga y los años no los dejaron hacerlo más. De igual forma, mi hermano y mis primos, todos excelsos jugadores de beisbol.

Por supuesto que conmigo trataron de repetir la dosis del guante y el bate, pero como siempre, yo, llevandole la contraria a todo el mundo hasta sin quererlo, me las ingenié para literalmente "huir" del campo de beisbol del colegio San Agustín la única vez que intentaron llevarme a una práctica de este juego. Debo confesar que ese ruido del bate de aluminio con la pelota de beisbol no me sonaba del todo agradable a la tierna edad de 6 años. Total que nunca me convenció ese deporte y al final, como que no hubo mas remedio que llevar a la "oveja negra" de la familia a practicar ese deporte tan ajeno a la Rodriguera como lo es el fútbol. El resto es historia.

Pero sea beisbol, fútbol o bolas criollas, lo importante, en el caso de esta pequeña síntesis de historia familiar, es el gusto que a uno le inculcaron desde pequeño por la actividad deportiva. Gusto que por supuesto, equivale a una pequeña cucharada de algo que se prueba por primera vez. De que ese sabor se mantenga en tu gusto personal o no, ya dependerá de tí. Lo importante es darle al niño esa primera cucharada. Lo demás, ya vendrá por tí solo.

En mi caso particular, más allá de la innegable tradición y estirpe familiar y de los ya conocidos beneficios que la actividad deportiva produce en el cuerpo y en la mente humana, el gusto por el deporte viene sazonado por otras circunstancias que, definitivamente, nunca me dejan despegar los ojos de un buen encuentro deportivo, cualquiera sea la disciplina de la que se trate. Factores que quizás escapan de lo que regularmente observa la gente común y corriente, pero vamos, cualquiera que me lee y que me conoce, sabrá a ciencia cierta que en mi caso, los adjetivos "común y corriente" no son totalmente aplicables.

Entonces, en esa visión no tan común y corriente, yo encuentro que cualquier actividad deportiva no es solo esa actividad física realizada bajo ciertas reglas, sino que trato de irme más allá, y termino entendiendo entonces que una de las razones por las cuales siempre seré un fanático del deporte es porque el mismo es, definitivamente, una pequeña pero perfecta y clara muestra, de lo que es en realidad la vida humana: un largo camino lleno de todo tipo de acciones y omisiones, de tomas de decisiones, de triunfos y derrotas, de sudores y lágrimas, de alegrías y de llantos, de sueños y frustraciones.

El deporte deviene así en un pequeño símil que refleja de manera casi perfecta lo que cada persona vive y pasa a lo largo de su vida. Y dependiendo de la situación particular que uno esté viviendo en determinado momento, siempre podrá encuadrarse en cualquier disciplina deportiva. Esto no es nada nuevo. Basta con observar cualquier película de cine que incluya en su trama alguna disciplina deportiva, para confirmar como muchas veces el deporte ha sido sinonimo de sentimientos, de vida, de tristezas, de enseñanzas y de finales tristes y no tan tristes.

Entre esos deportes que han servido para reflejar en cierto momento el estado de ánimo de cualquier persona, uno de mis favoritos es el boxeo. Sí, no es precisamente la disciplina deportiva mas elegante ni estética que exista. En él no hay mucha clase como en la esgrima, tampoco hay tanta emoción como en el fútbol, pero sin embargo, con ese toque de sacrificio, de rudeza,de brutalidad que a veces que se observa en el cuadrilatero, se produce uno de los mejores símiles que se puedan hacer con ese otro ring de combate permanente que es el día a día en la vida de una persona.

Imaginense la escena. En una esquina solitaria de un cuadrilatero se encuentra un boxeador, cansado, golpeado y jadeando a la altura del round 10, llevando golpe parejo del rival que se encuentra al otro lado del ensogado. En realidad, ese peleador solo quiere quedarse sentado allí y no pararse más nunca. Sin embargo, la campana suena, y tiene que pararse y seguir un round más. Respira hondo, se coloca el protector bucal, y se levanta (porque sencillamente no tiene otra salvo tirar la toalla y rendirse) a seguir cayendose a piña limpia con su adversario. Ése adversario que se ríe de él, que lo golpea donde sabe que es más débil, que solo busca tumbarlo a punta de golpes, que no para nunca hasta que el desgraciado ese se caiga, que se burla de él, que lo engaña.

Y allí está el peleador, recibiendo uno y otro golpe. Tratando de responder con todas sus fuerzas, pero que va. El físico no da ya para mucho más. Un gancho de derecha más y trastabillea. Pero no cae. El rival sigue acercandose y ahora sí, convencido de que está a punto de nocaut, aprieta el acelerador y se va con todo sobre su humanidad. Los locutores deportivos se preguntan a cada rato que demonios es lo que mantiene en pie a ese pobre hombre. Ni él mismo lo sabe, pero allí está, manteniendote firme. Viene otra combinación de izquierda y derecha, y zas!!..esa no la vió nuestro héroe venir. Cayó, y parece que ahora sí de manera definitiva.

Su adversario comienza a bailar sobre el ensogado, convencido de que de allí no se para. Los aficionados del estadio celebran también, total, el que baila es el campeón invicto y el otro no es más que un simple retador salido de la nada. Y nadie se apunta con perdedores. El árbitro comienza el conteo. El mismo entrenador del retador le dice que no se pare, que ya ha sufrido suficiente castigo. Que se quede en el piso.

Y allí está el salido de la nada, desesperado buscando las sogas para levantarse. El conteo del árbitro ya va por siete. Y entonces sucede: en su búsqueda desesperada, el retador consigue una de las cuerdas del ring, y empuja con todas sus fuerzas hacia arriba. Está de pie de nuevo. El público calla y su rival, atónito, ha dejado de bailar. El árbitro se le acerca, y es entonces cuando el peleador levanta sus guantes como señal de que no está vencido, de que puede seguir un round más. De que todavía hay pelea.

Y como queda esta pelea imaginaria?? seguramente la misma tendrá alguna decisión, bien sea porque se produzca un nocaut, o bien porque llegue a su punto final y sean los jueces los que decidan. Pero seguramente a ese retador salido de la nada, lo menos que le importa es la decisión final de la pelea. Ese boxeador solo quiso llegar de pie hasta el campanazo final, llegar hasta el inevitable fin del combate sin tirar la toalla. Después que decidan otros, pero si pierde no será porque él no peleó hasta el final.

En este punto, ¿no cabría preguntarse entonces, si la vida a veces no se nos presenta como una autentica pelea de boxeo? no es acaso la Vida ese rival formidable, todopoderoso, invencible y campeón invicto, que nos golpea y nos golpea, y nos vuelve a golpear, justo allí donde más nos duele?. ¿No somos nosotros ese retador salido de la nada, cansado y golpeado en una esquina, sin ganas de salir para el siguiente round? ¿No se convierte nuestra existencia a veces en ese cuadrilatero, lleno de ruidos ensordecedores, donde nos golpean una y otra vez y donde ni siquiera podemos mantener la guardia arriba?

Yo he sido muchas veces ese boxeador que recibe piñas y más piñas. Mi camino en la vida muchas veces se transforma en ese peleador feroz que una vez que me vé trastabillando, apura el paso y me lanza esa combinación mortal que me tumba. Que me deja tirado en el suelo, deseando que el conteo del árbitro llegue rápido a 10 para no tener que pararme nunca más.

Pero también he sido ese boxeador que una vez en el piso, busca desesperadamente las cuerdas para levantarse. Muchas veces he escuchado a mi entrenador diciendome que renuncie, que ya me han golpeado mucho y que me quede en la lona. Pero no le hago caso, busco las sogas, apoyo fuertemente mis brazos y me impulso hacia arriba. Y allí estoy de nuevo, de pie. Vuelvo a la pelea. La Vida, que en ese momento bailaba encima mío celebrando, para su paso en seco, y voltea, incredula, hacia mí. El público guarda silencio. El árbitro se me acerca y entonces sucede otra vez, LEVANTO MIS GUANTES, en señal de que claro que sí, de que puedo seguir otro round más. Y allí vamos de nuevo.

Y es que muchas veces, la Vida nos toma como pera de boxeo. Nos golpea y nos golpea. A unos más que otros, pero me parece que ese es un cuadrilatero del cual nadie se salva. Tarde o temprano, las circunstancias, las acciones, las omisiones, nos obligan de nuevo a subir a ese ensogado, a ver a ese campeón invicto que muchas veces no queremos ver, y a caerse a golpes con él, porque sencillamente, tal como el boxeador en su pelea, no tenemos otra cosa que hacer.

Cuantas veces podré seguir levantando los guantes? no lo sé. Llegará el día en que no podré ni siquiera levantarme de la lona, o salir de la esquina a pelear el siguiente round. Y es que La Vida puede llegar a ser un adversario formidable, campeón invicto durante muchos años. Pero, mientras el cuerpo y la mente, y sobre todo, el corazón aguanten, seré ese retador salido de la nada, por el que nadie apostó un medio, que no busca ganarle o noquear al campeón, lo único que busca es llegar al final de la pelea de pie, sin terminar de rodillas, sin tirar la toalla. Seguramente llegará ese día, pero no hoy. Hoy me coloco el protector bucal y me levanto de mi esquina, espero el ruido de la campana y voy hacia adelante, confrontando mi camino, levantando los guantes...

jueves, 15 de abril de 2010

LA TOLERANCIA DE LOS INTOLERANTES...

Tolerancia. En los últimos tiempos me parece que ha sido una de las palabras más manoseadas por las personas que hacen vida en este conuco político en que se ha convertido mi sufrido país en los últimos años. Todos hablan de que la tolerancia es una virtud, de que todos debemos ser tolerantes con los demás y con sus ideas. De que los mayores crímenes en la historia de la humanidad se han cometido precisamente es por la ausencia de ella, y muchas otras historias más.

Y me parece que todos tenemos un conocimiento más o menos vulgar de lo que significa tener tolerancia. En mi opinión, la misma consiste en respetar las ideas y acciones de los demás, aún cuando no estemos de acuerdo, en lo más mínimo, con ellas. Viendolo así, tan sencillo, pareciera que no es nada del otro mundo. Yo respeto tus ideas y tu forma de pensar y actuar, y tú respetas las mías. Sencillito pues, no hay mayor complicación. Todos felices y ya, como seres humanos y "racionales" que somos.

Pero si nos adentramos un poco en la dinámica de vida que uno lleva, sobre todo los que hemos compartido experiencias de vida en el territorio que comprendía la antigua Capitanía General de Venezuela, durante los últimos 11 años, podemos dar fé de que la cuestión no es tan sencilla. En esta parte del mundo, y tal como decía una vieja canción de Yordano: "te la juegas si andas diciendo lo que tú piensas", y no de forma metaforica. De eso pueden dar fé muchas personas que hoy andan de vacaciones en algunas de las posadas que el Ministerio del Interior y Justicia regenta en varias localidades turísticas del país como Yare, La Planta, INOF, etc etc.

Y vamos a quitarnos en este punto la careta. Aquí todos somos unos intolerantes. Nos decimos que sí, que vamos a entender y aceptar las ideas de los demás, como somos seres civilizados que somos. Pero es mentira. Continuamente estamos juzgando y rechazando todo aquello que no nos parece. Sí podemos iniciar un debate, pues lo hacemos, y tratamos de "convencer" al otro de que está errado. De que esa idea que subyace inmutable en su pensamiento desde hace años, sencillamente está errada y punto. Y de paso, te digo que eres un bruto e ignorante porque, al final, de todas todas, el que tiene la razón soy yo, y punto. No acepto discutir sobre ese tema. Me junto con los que piensan como yo (o por lo menos con aquellos que no se atreven a contradecirme) y me alejo de todos aquellos que no me sigan la corriente. Así soy. Que le voy a hacer.

Así, en mi caso particular, debo confesar que no soy para nada tolerante con los que traten de refutarme una opinión en 3 temas: fútbol, historia y derecho. Claro, mi grado de intolerancia se va atenuando o gradando de acuerdo a mi interlocutor. Pero tiene un mínimo del cual no baja. Así, no es lo mismo hablar de fútbol con alguna de mis mijiticas (Mijiticas: par de amistades del sexo femenino que no son mas niñas porque no son más altas, aunque una de ellas sí se lanza ahora incluso al estadio de fútbol y sabe lo que es un "bateo y corrido", con la otra sí no hay esperanzas) que hablar, por ejemplo, con Richard Méndez, el narrador venezolano de ESPN. Tampoco sería lo mismo hablar de historia con alguno de mis panas cerveceros, que con Elías Pino Iturrieta. O hablar de Derecho con cualquiera de mis colegas abogados contemporaneos, que con mi ilustre padre, el mejor abogado que he conocido en mi vida. (Sip, lo sé, estoy parcializado por el evidente parentesco de consanguinidad en primer grado que me une con este señor).

Pero en fin, así somos por naturaleza, intolerables. Claro, siempre he pensado que, tal como lo mencioné con anterioridad, no es que podamos acabar de raíz con esa intolerancia. Sencillamente podemos atenuarla, no exaltarnos tanto cuando alguien manifieste una idea o ejecute una acción diferente a lo que nosotros estamos acostumbrados. Tratar de entender y aceptar, no las conclusiones o ideas que finalmente tienen esos otros, es claro que no lo haremos. Pero sí podemos TRATAR de entender las motivaciones o causas que dichas personas tienen para pensar o actuar de ese modo. Para mí, ese es el secreto de la cuestión. Sí tratamos de ponernos un poco en el lugar del otro, y entender las motivaciones o causas que se exponen, y después hacer una operación mental de traslado de esas motivaciones a nuestra experiencia diaria, me parece que allí habremos dado un gran paso, en esa vaina tan extraña que es aceptar y entender las ideas de otras personas que piensen distintos a nosotros. Es pues, una cuestión "racional", no de instinto. Esto es lo que yo llamo "la tolerancia de los intolerantes".

Hace dos días visité, como frecuentemente lo hago, el estadio Olímpico de la UCV para observar el último juego de Copa Libertadores de mi no tan adorado (por ahora claro) Caracas FC, el cual se enfrentaría a la Universidad de Chile. Y pude observar, en vivo y directo, un ejemplo claro del gran grado de intolerancia en que está sumergida nuestra sociedad actual. Pero al mismo tiempo, pude percibir también, un poco de esa "tolerancia de los intolerantes", que dicho sea de paso, fue absoluta mayoría ese día. Lo que pasa es que, en estos temas de Tolerancia, sin duda alguna se aplica aquel viejo adagio que dice "para construir se necesitan siglos y gigantes, para destruir un enano y un segundo".

El asunto resumido fue el siguiente: unos 40 o 50 aficionados chilenos de la Universidad de Chile llegaron, como llega cualquier aficionado leal a apoyar a su equipo, esté donde esté y juegue donde juegue, a las instalaciones del estadio y, por allá, bien lejos de la hinchada del Caracas, procedieron a instalarse y a poner sus trapos y banderas, preparandose para alentar a su equipo. Esto fue observado por aproximadamente 5.000 aficionados del Caracas se dieron cita en el coso universitario. Y estoy seguro de que si le preguntan a esos aficionados, TODOS sin excepción les contarán que ellos vieron exactamente lo mismo que yo les estoy mencionando. De este lado entonces, estamos los siglos y los gigantes, o dicho de otra forma, de este lado está "la tolerancia de los intolerantes".

Ah, pero nunca faltan el enano y el segundo. Nunca falta la intolerancia pues. Porque por otro lado, 40 o 50 desadaptados sociales (que no pueden llamarse jamás "hinchas") no vieron eso. No señor. Ellos vieron otra cosa. Vieron como una banda de mal nacidos chilenos "osaban" manchar el gentilicio y el honor del Estadio y de la Ciudad, (y cuidado sino del país también), en otras palabras, estaban violando la soberanía nacional. Ellos vieron como aquellas hordas venidas del sur del continente venían a acabar con nuestras familias y seres queridos, venían a escupirnos en la cara y a hacer mofa de nuestra nacionalidad y de nuestros colores.

Por eso, y seguramente a riesgo de su propia vida, no tuvieron otra opción que ir (eso sí, en cambote, ni de vaina solos), cual operación militar de tenazas, a rodear a esos desgraciados y hacerles sentir que la casa se respeta. ¿Y eso no era la función de los jugadores que integran el equipo y que iban a jugar el partido? podría preguntar cualquier distraído, pues no...de repente, ya no nos encontrabamos en un juego de fútbol. Ya esto era un asunto de orgullo nacional. Ciertamente, llegué a pensar que allí mismo iban a llegar los Sukhoi a bombardear la tribuna norte del estadio y borrar de la faz de la tierra a esos hijos de puta que habían osado vestir un color distinto al de la mayoría de los asistentes. Habíamos llegado pues, al territorio de la intolerancia.

Lo impresionante del asunto era la proporción numérica de ambos lados. Por un lado, casi 5000 personas, sentados en sus asientos, observando, con risas la minoría, con evidente desconcierto y verguenza la mayoría, como la intolerancia de 50 o 60 antisociales se daba de golpes y sillazos con una pared de cartón, llenos de un odio que nadie sabe de donde nace, (porque del fútbol evidentemente no es) dirigido hacia unos semejantes, cuyo único pecado fue el de querer seguir a su equipo en las buenas y en las malas, que no es otra cosa, valga la aclaratoria, que lo mismo que ellos alegan hacer.

El resto ya queda para la anécdota. Intervención policial. Perdigones, bombas lacrimogenas. Victoria en el campo de los chilenos. Vergonzoso partido para el Caracas. Piedras contra los invasores, encapuchados, mas perdigonazos. Futura suspensión internacional del estadio. Multas ecónomicas para el club. Todo un rosario de excelentes consecuencias pues. Y todo, resultado de las actuaciones de una minoría intolerante. (salvo la derrota del Caracas, producida por otros factores que no vienen al caso comentar).

Observandolo en retrospectiva, es verdaderamente revelador y preocupante además, como, en estas cuestiones de tolerancia, una absoluta minoría puede hacer y deshacer como quiera ante los ojos pasivos de una mayoría aplastante que solo se limita a observarlos. Y es que pareciera, que ese mismo escenario presentado hace dos días en mi lugar favorito del mundo, es perfectamente trasladable a cualquier situación en cualquier lugar. Ejemplos de estos sobran en la historia de la humanidad.

Pareciera entonces, que no basta con caer en cuenta que la gran mayoría de los seres humanos poseemos esa "Tolerancia de los intolerantes", que en el caso del juego de fútbol, impidió que 5.000 personas acribillaran a 50 chilenos. Sin embargo, esa misma tolerancia no pudo impedir que un grupo minúsculo se abrogara el derecho de tratar de destruir y apalear a esas personas que, finalmente, no pensaban igual que ellos, y con ello, destruir y apalear el momento de esparcimiento y recreación, de compartir con amigos y familia, que debe significar el fútbol y todo evento deportivo.

Que hará que unas personas tan jóvenes como las de ese día se conviertan en verdaderas maquinas de odio y agresión hacia los que piensan o actúan de manera diferente, no sé. Eso será cuestión de sociologos, expertos y similares. Podrán ser los tristes momentos en que vivimos, con una sociedad absurda y artificialmente dividida en dos bandos por simple voluntad de una minoría, donde hasta los colores que uno utiliza pueden ser motivo de pelea. Sí puedo decir que no es ni el fútbol ni el amor a un equipo ni a unos colores. El fútbol no es violencia ni agresión, el fútbol es vida, es alegría, es compartir con amigos y seres queridos. Y el amor por un equipo es apoyarlo, en las buenas y en las malas, es cantar y saltar, es aplaudir mas duro que tu rival, es llevar con orgullo sus colores. Nada que ver con agresiones físicas, ni mucho menos con cobardes ventajismos.

Y es que además, el venezolano no es así. Aquí jamás significó un peligro asistir a un evento deportivo. Eso era en otros países. Aquí no. Siempre nos enorgullecemos de que, todavía, un magallanero puede sentarse al lado de un caraquista en el estadio y disfrutar ambos del chalequeo y la jodedera, si nos referimos a la rivalidad deportiva mas famosa de nuestro país. Nunca hemos tenido ese grado de intolerancia, esa que lleva a agredir y a destruir. Podemos, como no, gritar, cantar e insultar a un árbitro, o a un jugador rival, pero eso es otra cosa, ya eso forma parte del juego, de la situación. Pero de allí, a herir y a atentar contra la integridad física de otras personas, hay mucha diferencia.

Yo por mi parte, seguiré asistiendo a mi estadio Olímpico, y seguiré apoyando a mi equipo como sé hacerlo: estando presente, hinchando y apoyando, llevando esa tolerancia de los intolerantes, y esperando que llegue el día en que esa masa mayoritaria podamos evitar, de alguna u otra forma, que lo absurdo de la violencia pueda volver a manchar un espectáculo que solo busca llevar alegría y entretenimiento, así sea por 90 minutos, a una población realmente cansada de tantos problemas cotidianos.

Porque al final, solo tengo una gran intolerancia, absoluta y comprobada: la intolerancia hacia los intolerantes...

lunes, 12 de abril de 2010

VISCA BARÇA!!!!!

"Tot el camp, es un clam, som la gent blaugrana
Tant se val d on venim..."

Así comienza el himno de uno de los equipos de fútbol mas famosos del mundo, y de paso, hoy por hoy, es la máquina de hacer fútbol mas aceitada que existe, a despecho de muchos aficionados de su Némesis futbolístico, como lo es el no menos famoso Real Madrid.

Comencemos por aclarar algo: estoy muy lejos de ser uno de esos "fanáticos" que adoran y se cortan las venas por equipos que están a un océano de distancia. Tampoco puedo alegar razones de consanguinidad afín con algún lugar de la Península Ibérica, aunque seguramente debo tener a un canario atravesado por allí y mezclado con una andaluza. Pero eso habrá sido 3 generaciones atrás mínimo, así que tampoco por este lado me puede agarrar el coloquialemte llamado "pastelerismo futbolístico". Para nadie es un secreto que mi amor por mi Caracas Fútbol Club raya en lo "frenético", tal como lo he explicado por esta misma vía con anterioridad, y en mi corazón futbolero no puede caber ningún otro equipo en el Mundo. (Salvo quizás el Celtic de Glasgow y un poquito la Juventus, pero por razones diversas que no vienen al caso en esta ocasión).

También debo aclarar, que históricamente, en ese club privado de odio gratis que a veces tenemos los aficionados del fútbol y al deporte en general, el FC Barcelona ocupaba un lugar privilegiado, junto a equipos tan detestables como el Deportivo Tachira, la Selección de Italia, los leones (sip, así en minúscula; es mi blog carajo!!!) del caracas, los Medias Rojas de Boston, el Glasgow Rangers, y, por supuesto, el San Agustín de El Paraíso.

Y es que esa aberración hacia los colores azulgrana viene desde la infancia, porque, ¿como olvidar que esos colores son los mismos que utilizaban nuestros acérrimos rivales, el San Agustín de El Paraíso, en aquellos tiempos de fútbol colegial, cuando uno defendía con sangre, sudor y lágrimas los colores del glorioso Deportivo Agustinos de mi adorado Colegio San Agustín de El Marqués? ¿Como evitar asociar esos colores blaugranas con el detestable enemigo?

Entonces, ¿como es eso que le estoy dedicando unas líneas a un equipo tan detestable? bueno, bueno, es que todo tiene su razón y su peso. Ciertamente, una cosa es el "no cariño" que pueda tenerle a esos colores, pero otra cosa es el amor que uno siente por este deporte, y creanme que quien escribe, de verdad AMA a esta disciplina deportiva, y por lo tanto, no puede dejar de admirar a quienes reivindican con tanta calidad al bien llamado deporte rey.

Cuando uno es de esos que se calan hasta 10 partidos por día, juegue quien juegue, y que está viendo fútbol desde que tiene como 7 años, se adquieren ciertos principios que podríamos llamar "inalterables". Entre esos principios están reconocer la calidad y la excelencia futbolística venga de donde venga. Así, cuando Colombia era quizás la selección del Mundo que mejor jugaba al fútbol, con verdadero dolor se tuvo que reconocer. Cuando Roberto Baggio era sin discusión el mejor jugador del Mundo, también se admitía. Estos son principios que permanecen en todo aquel que se precie de ser fanático de este deporte, sin que sea admisible mezclar el fanatismo con cosas que resultan "obvias".

Y obvio resulta hoy no solo reconocer, sino admirar y celebrar, que exista un equipo llamado FC Barcelona. Pero más allá de celebrar las 6 copas logradas el año pasado, y las que seguramente obtendrá este año, yo quiero celebrar algo por lo cual siempre se me ha gastado la garganta en este lado del océano, y es el sentido de pertenencia que tiene este club,y que para mí, es la clave del éxito de tan exitosa Institución. Sobre todo, si la comparamos con su archirrival de la capital.

El Barcelona es una máquina de hacer fútbol. Los panas casi que juegan de memoria. Muchos se pueden preguntar que hace que ese equipo juegue tan bien. Yo pienso, en mi humilde opinión, que a pesar de influir muchos factores, uno de los principales, sino el fundamental, se resume en uno solo: EL AMOR A SU CAMISETA Y A LO QUE REPRESENTA.

¿Como se come eso? bueno, sencillito. Cuando se privilegia el talento local, cuando se cree en lo propio sin mirar a lo de afuera, cuando el que suda la camiseta no solo nació en la misma ciudad que representa, sino que además jugó toda su vida con ese uniforme, se produce ese valor, ese plus, que hace la diferencia en la cancha, y que no es otro que el amor por los colores que sencillamente han sido suyos toda la vida, y punto.

En una época de globalización, de fichajes multimillonarios, de múltiples transferencias y equipos verdaderamentes multinacionales, el FC Barcelona se da el lujo de salir hasta con 6 jugadores de la cantera (categorías inferiores) en la titular, más 4 o 5 que deben estar en la banca, y con un técnico que se formó y jugó en el club casi toda su vida profesional. Y que de paso, venía de dirigir en su equipo filial hasta que fue llamado al equipo grande. Guardiola es un tipo que siente esos colores como ningún Mourinho, Capello o compañía podrá sentirlos jamás.

Y que decir de Puyol, de Iniesta y de Xavi?? ¿Y Messi? formado en el Barsa desde los 11 años y además beneficiario de un tratamiento médico financiado por el Barcelona para hacerlo crecer un poquito más. ¿Sentirá esos colores como suyo? También están Piqué y Valdés, más Pedro, Bojan y hasta un venezolano-canario, Jeffren Suarez, formado en sus inferiores, también ve minutos en el equipo de Guardiola. Todos venidos de la cantera, todos blaugranas de corazón, todos catalanes hasta la muerte.

Visto el panorama así, de verdad resulta totalmente lógico y hasta se cae de maduro, la evidente supremacía que mantiene actualmente este superequipo en cuanta competición interviene. Pero pregunto: ¿que chance puede tener un "equipo" como el Real Madrid, lleno de millones de euros (no es que el Barsa no los tenga) pero con jugadores que en su vida han sudado esa camisa. ¿De verdad piensan los madridistas que una jeva como Cristiano Ronaldo pueda algún día entregarse a ese equipo como lo puede hacer Messi con su azulgrana??. De la misma manera, equipos como Arsenal, Inter, Milán, ¿que chance pueden tener cuando en sus alineaciones titulares habrá si acaso un jugador de su ciudad y de vaina? Esos jugadores no tienen sentido de pertenencia con su club ni con su ciudad, solo le deben pertenencia a los millones de euros que ganan, y, como estos pueden variar siempre, bueno, de igual forma varían ellos. Sí me pagan bien, beso el escudo de mi equipo, si no, ni me molesto.

Pero es que la chequera puede reunir un gran conjunto de individualidades, como bien lo sabe el Real Madrid, pero nunca logrará formar un verdadero equipo, ni mucho menos uno que gane títulos. Estos equipos, si quisieran emular a este Barcelona, tendrían que hacer una limpieza general, subir a unos cuantos jugadores de su cantera, así como a un técnico que haya sudado los colores de esa misma Institución, y con una inversión no tan cuantiosa, apostar a su talento propio, apostar a lo suyo pues. "Lo Nuestro es lo Mejor" decía un jingle criollo hace ya algunos años y creo que esa es la mejor receta que, en cualquier ámbito de la vida, se necesita para triunfar. Sino, que lo digan los habitantes de la ciudad levantada en homenaje de Amílcar Barca.

Y por último, una reflexión final. Todos esos "catalanes" y "culés" que pululan en mi adorada ciudad, deberían no solo admirar el evidente buen juego del Barcelona, sino que también deberíamos aprender algo tanto de su filosofía de querer lo suyo, hasta del comportamiento de sus fanáticos. Ciertamente, el Barcelona hoy por hoy es un grande. Pero esa grandeza tuvo un inicio, tuvo un origen en el cual el club no era sino uno más del montón. Sin embargo, siempre recibió el apoyo de sus aficionados, ganarán o perdieran, fueran equipo chico o grande, jugarán muy bien o jugarán muy mal, la gente siempre iba a verlos y a apoyarlos.

¿Y por que lo hacían? pues bueno, por una razón lógica: porque eran catalanes. Porque si ellos nacieron en Barcelona, como iban a hincharle a otro equipo que no fuera el de ellos? Una cosa es admirar el buen fútbol que otros equipos puedan realizar, pero otra muy distinta es hincharle a ese equipo. Los catalanes, entre muchos otros pueblos del mundo que tienen cultura futbolística, saben esto, y por esto mismo, aunque su equipo mañana caiga y se convierta en el peor de España, seguramente ellos seguirán acudiendo a su estadio a apoyar a su blaugrana del alma.

Estos son los ejemplos que nosotros, en nuestra humilde parcela futbolística deberíamos seguir. En vez de estar soñando que somos catalanes, madridistas, milanistas o cualquier otro equipo por allí, nos toca es apoyar a nuestro fútbol y a nuestros equipos con la misma pasión que hace ya más de 100 años los aficionados azulgranas apoyaban a ese equipo fundado por el suizo Hans Gasper. Sí, podemos admirar a los mejores del mundo, pero nunca en detrimento de nuestros equipos y de nuestro fútbol. Sí, yo admiro el fútbol del Barcelona, pero yo soy del Caracas coño!!!..y para mí, no hay equipo más grande, gane, empate o pierda, juegue bien o juegue mal. Ojalá muchos por allí pudieran hacer la misma diferenciación. Avanzaríamos mucho en ese camino de llegar algún día, a tener un fútbol de nivel.

Entonces, aprendamos un poco del FC Barcelona. Aprendamos que la excelencia es posible con el talento propio. Que no hace falta mirar siempre hacia afuera para buscar lo que tenemos dentro de la casa. Aprendamos, sencillamente, que casi siempre, con trabajo, con confianza y con sacrificio, lo nuestro es lo mejor.


"Blau-grana al vent, un crint valent, tenim un nom, el sap tothom, BARÇA, BARÇA, BAAAARÇA"





viernes, 9 de abril de 2010

DE NARANJAS, ANGELES Y MILAGROS

"DESDE LOS TIEMPOS MAS REMOTOS VUELAN LOS ANGELES GUARDIANES, SIEMPRE CELOSOS DE SUS VOTOS CONTRA ATROPELLOS Y DESMANES..." (Silvio Rodríguez, "Cita con Angeles")

Cuentan que velan a los gentiles seres con alas de otro mundo. Así dice la letra de una excelente canción de Silvio, refiriendose a esas criaturas aladas que según nuestro conocimiento vulgar, habitan entre el cielo y la tierra, bajando y subiendo, y que tienen como misión fundamental, proteger a cuanto bicho recorre ese largo e indescifrable camino que nosotros llamamos vida.

Siempre hemos relacionado a estos seres alados con todo lo bueno que nuestros sentidos puedan imaginar. Así, siempre pensamos que visten de blanco, porque son simbolos de pureza. Siempre son hermosos, porque son reflejo fiel de la belleza de Dios. Siempre son niños, porque en ellos cabe toda la inocencia del Universo. Son, en definitiva, paradigmas de lo perfecto, de lo deseado, de lo mas puro.

Claro que siempre vendrá un aguafiestas a recordar que angel también era lucifer (el mas hermoso de todos dice la leyenda) y todos los demonios que alguna vez intentaron darle un golpe de estado al Chivuo que está por allá arriba. A esto responderán los especialistas en materia angelical y tal vez refuten que aquellos no eran angeles, sino querubines, y que no, que no es lo mismo hablar de unos y de otros, y que los serafines son éstos, y los querubines aquellos, y bla bla bla...

En todo caso, lo importante acá, es esa imagen que tiene el ser humano de lo que es un ángel. Seres poderosos, guardianes protectores, soldados con poderes sobrehumanos siempre dispuestos a utilizarlos para defender a sus inocentes y no tan inocentes "clientes", así como preparandose para cuando llegue la batalla de todas las batallas, según creo que dice el Apocalipsis.

Pero yo hoy quiero hablar de otro tipo de angeles. Claro, sin querer desconocer la existencia de esas otras criaturas aladas, y arriesgandome a una demanda judicial por apropiación indebida de nombre e imagen del Cuerpo Celestial Angelical (aunque según dicen, en el Cielo no hay abogados, pero uno nunca sabe), es mi deseo hacer referencia hoy a otro tipo de seres, tan indefensos, tan vulnerables, tan llenos de defectos y debilidades, en fin, tan humanos como nosotros.

"No somos ángeles, no caímos del Cielo, la gente que busca amor verdadero"...si mal no recuerdo así decía una canción de la italiana Laura Pasini. Pero realmente yo no podría estar mas en desacuerdo. Si, es verdad que no caímos del Cielo, también es cierto que muchos no somos ni lo seremos, pero creo que sí tenemos muchos ángeles entre nosotros, cumpliendo, sí es posible, muchas de esas labores que nuestra limitada mente solo puede atribuirle a seres de otro mundo, perfectos, hermosos e inocentes. Nada que ver con los imperfectos, horrorosos y pecaminosos seres humanos.

Pero mira que la vida te da sorpresas. He tenido la bendición (porque definitivamente es un regalo) de conocer y compartir con algunos de estos seres nada bonitos, mucho menos perfectos, tan pecadores como el que escribe y cuya única alas que podrán tener son las de pollo que pedirán el algún restaurant, pudiendo comprobar que definitivamente, el ser o no ángel no se trata solamente de un estado celestial, sobrenatural o como quieran llamarlo. Esta gente me enseñó que cualquiera de nosotros puede convertirse en un guardián celestial, de carne y hueso, así sea por unas pocas horas, de muchas personas necesitadas de este mundo.

¿ Quienes son estos querubines, serafines o como quieran llamarlos, de carne y hueso? No les estoy hablando de nada extraordinario, o por lo menos no en apariencia. Se trata sencillamente de un grupo de panas que se reúnen una vez al mes, para llevarle un plato de comida a cuanto necesitado se encuentren en las calles. Eso es todo lo que hacen. No hay grandes salvaciones de personas. Tampoco hay milagros increíbles. Mucho menos hay una batalla campal contra el lado oscuro de la fuerza. Nada de eso. Y sin embargo, en ese simple y sencillo acto de dar, en mi opinión, se concentra, de alguna forma que no puedo entender ni mucho menos explicar, la fuerza de todo el Universo. Y esa fuerza universal produce milagros, tal cual como nosotros se lo atribuimos a los seres alados de otro mundo.

Y no les hablo paja. Yo mismo tuve la fortuna de comprobarlo, cuando no se por qué, fui invitado a unirme a esta gente. El milagro se produce de múltiples maneras. La primera es el cambio automático que se produce en tu perspectiva del mundo que te rodea. Cuantas veces no había pasado yo por esa calle, cuantas veces no había recorrido yo aquellas avenidas, sin darme cuenta nunca de lo que pasaba a mi alrededor. Pero allí estaban, esos muchachos que no pasarían de 17 años, durmiendo sobre unas cajas de cartón y realmente afectados por la maldita droga, que les roba la esperanza de un futuro. Allí estaban también aquellos señores, con sus ropas andrajosas y caminando con su bolsa de latas, bajando la mirada como si les diera verguenza que se le vea a los ojos. Mas allá estaba la señora viviendo en un carro quemado, y que tiene como coleccionada como 100 chapas de bebidas.

Y no es que ellos no entraban antes en la visión de mis ojos. Para nada. Uno por lo general los ve, pero nunca los miramos de verdad. Preferimos ignorarlos y pasarles de largo. Pero es justo cuando sales a la calle con la misión precisamente de buscarlos, de encontrarlos para darles un plato de comida, es justo en ese momento, cuando se produce el milagro. Ya no solo ves al mundo que te rodea, sino que lo miras de verdad. Y el milagro no se acaba allí, porque una vez que ya has mirado y no visto nada más, ya no podrás permanecer mas nunca indiferente a estas personas. Aquí tenemos otro milagro, y no atribuible precisamente al Cuerpo Celestial de Angeles.

Pero hay más. Con cada plato de comida que entregas, te vas mezclando en una interacción personal con estos necesitados totalmente inimaginable para tí 2 horas antes. Te vas interesando por ellos. Te sorprendes preguntadole sobre su vida, y más aún te sorprendes cuando te responden, cuando te hablan, cuando te dicen bienvenido dentro de un puente debajo de la autopista. Otro milagro más pues. ¿ cuando te imaginastes tú en semejante escena?

De este listado de hechos milagrosos, también se derivan increíbles anecdotas. Las hay de todo tipo: desde la mujer orgullosa que no acepta un plato de comida gratis porque ella no se lo ha ganado, hasta el hermano acabado por la droga, que vive debajo de un puente y que aún así, tiene la educación de preguntar si en el grupo que se metió en el túnel, había alguna señorita, porque él andaba en "paños menores" y no quería faltarle el respeto a nadie. Increíble. Este fue el mismo personaje que nos dijo que nosotros eramos unos "angeles" enviados por Dios, porque a ningún ser humano racional se le ocurriría meterse en esa cueva a llevarle comida a alguien como él.

También existen, al lado de los milagros y las anécdotas, los momentos en que a uno se le agua el guarapo. En mi caso particular, fueron dos: el primero, cuando le dimos de comer a una mujer con su pequeña niña que no pasaría de cinco años, y esa muñeca con su sonrisa de verdadero angel me dijo con su vocecita "Gracias señor"...ok debo confesar que tuve toda la intención de secuestrar a esa niña y llevarmela a mi casa.

Pero el momento que más dolió fue cuando interceptamos a uno de esos pequeños que hacen malabares en los semaforos con pelotas. Bueno, lo de pelotas es un decir, porque cuando nos acercamos al niño, pudimos darnos cuenta que sus torpes malabares los hace con conchas DE NARANJAS!!!..porque según sus propias palabras, no tiene para comprarse unas pelotas de tenis. Y más arrechera (por no decir tristeza) me dió cuando viendole su cara sucia medio tapada por su gorra, pude comprobar que casi es de la edad de uno de mis sobrinos. (No mas de 12 años). No me dió razón de sus padres ni si estaba estudiando. Pero creo que podemos sospechar con real certeza cual es la respuesta a esto.

Pero bueno, son gajes del oficio de acompañar a estos angeles terrestres en sus misiones de cuidar a los indefensos de la tierra. Como pueden observar entonces, no es solo el acto de darles un plato de comida lo que de verdad interesa acá. Lo realmente importante es el milagro que se produce en el interior de esas decenas de personas que sacrifican todo un día que debería ser de descanso y joda con los panas, para dedicarse a darle un consuelo de vida a tantas personas necesitadas que, gustenos o no, forman parte de nuestro mundo. Es ese milagro de cambiar los paradigmas, de mirar de manera real lo que nos rodea, de tocar y hablar con esa gente que hasta hace dos días eran unos "indigentes", y que ahora se han convertido, por obra de esa fuerza del Universo, en hermanos que no podemos ignorar.

Y es que si a ver vamos, ¿quien puede negar que todos esos jovenes, niños, ancianos y hombres y mujeres adultos que hoy vemos como necesitados, no estarán algún día en un estrado, testificando a nuestro favor, ante ese Tribunal de Justicia que algún día nos pedirá cuenta de todas las riquezas y dones que nos fueron concedidos?

Y me parece que eso es lo fundamental entender. Siempre nos quejamos de toda vaina, nos lamentamos por todo, pero somos incapaces de hacer lo más sencillo, lo mas fácil. Queremos arreglar el país y el mundo entero, queremos que no hayan mas injusticias y calamidades, pero somos incapaces de devolvernos en una acera y comprarle una canilla a una persona que está tirada en la calle y que seguramente está hambrienta. Paradojas de nuestra condición de ser humano.

Entonces, por supuesto que existen los ángeles . Pero insisto, no solo tienen tal mote los seres alados y vestidos de blanco que, según dicen, pululan entre el cielo y la tierra, haciendo milagros y protegiendo a todos los inocentes de este mundo. Antes bien, existe todo un ejército de hombres y mujeres, jovenes y no tan jovenes, anónimos, llenos de defectos, sin ningún tipo de publicidad y sin esperar nada a cambio, que se fajan a darle una pequeña ayudita a esos hermosos querubines y serafines de belleza sin igual.

Por mi parte, he descubierto que al lado de todos los defectos que pueda tener, de todas las inseguridades y errores que uno comete y seguirá cometiendo en esta vida, me reconforta saber que siempre habrá vacantes para ejercer el puesto de ángel, así sea por dos horas una vez al mes. Por lo tanto, espero tener siempre la fortuna de seguir topandome con esa gente tan rara que sacrifica un día de descanso para ir a buscar gente necesitada en la calle y regalarles un plato de comida.

Porque los angeles existen, y hasta con naranjas hacen malabares...

"POBRE LOS ANGELES URGENTES, QUE NUNCA LLEGAN A SALVARNOS, SERÁN QUE SON INCOMPETENTES, O ES QUE NO HAY FORMA DE AYUDARNOS??, PARA EVITARLES MAS DOLORES Y CUENTAS DEL PSICOANALISTA, SEAMOS UN TILIN MEJORES Y MUCHO MENOS EGOISTAS..."

lunes, 5 de abril de 2010

BAILE CON FANTASMAS

Hay que empezar por aclarar que no estoy metido a ninguna logia de mediums, santeros ni nada semejantes. No vayan a pensar que ahora me dió por comunicarme con personas del"mas allá". Ya me cuesta como que mucho comunicarme adecuadamente con las personas del "más acá" para tratar de enredarme el papagayo tratando de entender las señales y el idioma de esas almas atrapadas entre el cielo y la tierra.

Tampoco es que me dió por aprender a mover mas coordinadamente mis pasos al ritmo de una buena melodía, aunque tal como deben saber algunas por allí, mal no me vendrían unas pequeñas clasecitas. Y mucho menos es que me dió por bailar con una sabana blanca encima con dos orificios a la altura de los ojos. Es que en realidad, no me gusta bailar, tremendo pecado dirán las mujeres. Sip. Lo sé.

Entonces, aclarado todo esto, ¿Por qué BAILE CON FANTASMAS? bueno, para empezar, he tomado el pequeño símil que relaciona "baile" para identificar cualquier tipo de confrontación o pelea con alguien. Así, cuando en términos futbolísticos, se dice que a un equipo "le tocó bailar con la mas fea", se está refiriendo a que ese equipo seguramente jugará el partido con el más difícil del grupo. Piensese en la pobre Corea del Norte, la cual tendrá que debutar en el Mundial de Surafrica nada menos que ante Brasil. No hay duda, a los pobres coreanos les tocó "bailar" con la mas fea.

Ajá. Y entonces, ¿es que me dió por caerme a piña con cualquier fantasma por allí?? pues no. También aquí la palabra "fantasma" viene a encarnar otro símil. En esta ocasión, fantasma no vendrá a ser esa alma perdida en su camino al cielo, que se le aparece a ciertas personas para asustarlos, animarlos, jalarles los pies o todas inclusive. Fantasma vendrá a significar otra cosa, otra esencia, otro fume pues.

"Baile con Fantasmas" viene entonces a significar otra cosa, otra situación. Pero no se equivoquen,en esa situación sí hay música; también hay movimiento. Mucho sudor y transpiración. Fantasmas de todo tipo vienen y se van. Unos victoriosos, otros derrotados. Hay jadeo por montones y hasta una que otra palabra de estímulo. Antes de que comiencen a pensar lo que no es, aclaro de una vez a lo que me refiero: al milenario, sencillo y placentero arte de correr.

Correr!!!....si, correr. Tan antiguo como el mismo ser humano. Hace miles de años era la única forma del hombre de conseguir su sustento diario. Hoy en día es uno de los ejercicios mas recomendados. Sus beneficios se cuentan por montones: fortalecimiento del corazón y pulmones. Eliminación de toxinas. Mejoramiento de la respiración y resistencia. Reducción de grasas y calorías. Y estos son solo los efectos secundarios. Informes científicos han revelado que el verdadero beneficiario de este ejercicio es el cerebro. La oxigenación verificada en este importante órgano por razón del correr trae como consecuencia un mejoramiento de su función, dandole a las personas mas agilidad mental. Buen dato para todos aquellos aspirantes a Sheldon. (Bazzinga!!!).

Sin embargo, como espero que ya estén sospechando, por este lado no vienen los tiros. Si,es verdad que uno se mete en este peo es por las razones antes mencionadas. Que si para ejercitar el corazón y pulmones. Que si para correr en un 10 K. Que si para ver a las niñitas en pantalones cortos. Son muchas las razones que uno puede tener para iniciarse en esta danza con fantasmas. Pero les aseguro que esa no son las razones que te mantienen comiendo kilometros y kilometros después de 3 años. O por lo menos no en mi caso.

Para este simple mortal, colocarse sus NIKE (valga la publicidad) y salir a correr como verdadero adicto cada vez que tiene la oportunidad, tiene una connotación que va mucho mas allá de hacer un buen tiempo, correr mas rapido que la vez anterior, o simplemente disfrutar del paisaje. Realmente, a lo que soy adicto, lo que espero impaciente cada vez más, es a ese baile con fantasmas, a esa pelea que cazo cada vez que suelto el cronometro con todos los fantasmas que me rodean, sean de la navidad pasada, presente o futura, tal cuento de Scrooge.

Y es que, aparte de mejorar el tiempo, aumentar la distancia o admirar niñas y no tan niñas con sus prendas mínimas de ejercicios, el correr, el dar resoplidos constantes y fuertes, tiene una facilidad de drenar tensiones, de ampliar el panorama, de entender mejor el problema que nos atormenta, que un ejercito completo de terapeutas. Eso es lo que yo llamo, sencillamente, "Baile con Fantasmas".

Fantasmas tenemos todos. Están los fantasmas que nos atormentan diariamente: trabajo, inseguridad, caos, alto costo de la vida, política, calima. Estos siempre están allí, queriendo bailar con nosotros todo el tiempo. Pues bien, esos son los primeros invitados al baile. Cuando me calzo mis zapatos para correr, ellos también están calzandose. Y arrancan de una conmigo. Allí vamos, recorriendo los primeros kilómetros, cabeza a cabeza, mis fantasmas diarios y yo.

Después de un buen número de minutos, ya estos fantasmas dejan el baile. Luego de un arranque lento, ya ellos no pueden seguirme el ritmo de trote, cada vez mas constante y rápido. Y es que esa es la naturaleza de estos fantasmas diarios: te asustan al comienzo, pero una vez que los sabes llevar, se disipan en un dos por tres.

Sin embargo, el baile no ha terminado. Ahora vienen otros tipos de fantasmas. Estos tardan un poco mas en llegar y no son tan consecuentes como los fantasmas diarios. Pero están allí y cuando llegan tienden a ser mucho mas pesados. No me fastidian diariamente, pero cuando llegan se hacen sentir. No son necesariamente negativos, solo están allí, rodeandote en tu camino. Son los fantasmas de las dudas, de los sueños no cumplidos, de los sentimientos encontrados, de la salud, sea propia o de los seres queridos, de las expectativas, de la incertidumbre ante el mañana.

En este punto del baile, se necesita apretar un poco más. La respiración ya no se hace tan cómoda, las piernas empiezan a pesar un poco más y ya el paisaje no luce tan acogedor como 15 minutos antes. Pero aún así, persevero, respiro fuerte, muevo mis piernas al ritmo de la música que sale de mi Ipod, y encuentro, de nuevo, la forma de acabar con esos fantasmas y para cuando ya me doy cuenta, de nuevo estoy bailando solo en la pista.

Desesperados ya, el escuadrón de fantasmas lanza su ataque desesperado. Se conjugan en un solo equipo los fantasmas del pasado, presente y futuro, en una especie de "Dream Team", mezclando sentimientos a mi alrededor: tristezas, lejanías, problemas no resueltos, destinos no alcanzados, personas extrañadas, palabras no dichas, sentimientos no expresados, sueños no alcanzados. Esta es la parte mas dura del baile. Aquí debes correr con cada uno de estos fantasmas y dejarlos sin aliento, dejarlos bien atrás de tí. Que no les sea posible alcanzarte, por lo menos por este baile. No siempre el resultado final es la victoria para mí, pero afortunadamente puedo decir que salgo airoso en la mayoría. Y es que para eso se corre, para dejarlos a todos sin aliento.

Superada esta última fase del baile, acuden a tí ya los buenos fantasmas. Sí, también existen los buenos. Son los fantasmas de la buena vibra, del buen tino. Los que te dicen y te señalan a cuantos malos fantasmas has logrado dejar atrás, y los que te animan a seguir en este baile. De hecho, la ciencia se ha topado con estos fantasmas, y los ha denominado "endorfinas". Pero para mí ese es un nombre artificial. Yo sé bien que esos son mis fantasmas buenos, los que terminan bailando junto a mí al final de cada carrera, celebrando, tal cual niños, una nueva derrota de los malos fantasmas. Los que celebran la vida, la esperanza, el futuro. Los que entienden que cada error del pasado es solo un aprendizaje que solo sirve para ser mejores bailadores.

Y es en este momento, cuando pareciera que pudieras correr toda una eternidad. Cuando tus piernas no sienten cansancio, ni el camino se te hace pesado. Cuando piensas que podrías correr el planeta entero y no cansarte ni un ápice. Cuando realmente piensas, que no hay fantasma en el mundo que pueda contigo.

Luego llega el necesario fin de este baile. Ya las piernas te recuerdan que no eres invencible, ya los pulmones han resoplado lo suficiente para indicarte que todavía puedes seguir contando con ellos y ya el corazón ha latido lo suficientemente duro para demostrarte que aun sigues vivo.

Entonces claro, llegado a ese punto final, el baile se transforma en carrera. La pista se convierte en parque. Los otros bailadores se convierten en colegas corredores y la lucha a muerte con los fantasmas es un simple ejercicio realizado por el hombre desde epocas milenarias, donde era su única fuente de sustento, hasta convertirse en el ejercicio mas recomendado del mundo, con múltiples efectos positivos para el corazón, pulmones, cerebro, buen humor y pérdida de peso.

Pero ya ven. No es solo un ejercicio. No es solo una carrera. No es solo una rutina. Ese es mi Baile con Fantasmas. Esa es mi adicción y mi lucha personal, es mi baile eterno y mi pelea a muerte con mis miedos y con mis esperanzas. Con mi pasado y con mi futuro. Con mis victorias y mi derrotas. Es en definitiva, un baile conmigo mismo.