viernes, 15 de abril de 2011

LA VIDA ES UN ESTADO DE ANIMO...

Hace poco tuve una conversación (bueno lo de conversación es un decir, lo correcto sería decir un intercambio de mensajes por el BB; así están los tiempos hoy en día) con una buena amiga, cuyo nombre no es determinante acá, pero que a los efectos llamaremos CT. El intercambio de mensajes, entre palabras más y palabras menos, discurrió de la siguiente forma:


Yo (en son de joda): (...)pero el sábado le voy al Madrid contra el Barsa!!(...)


CT: es imposible que le vayas al Madrid cuando el juego del Barsa es más bonito y limpio!!


Yo (en tono acádemico): eso no importa, el fútbol es un estado de ánimo y el Madrid viene en alza...


CT (supertemeraria):!!Disculpame pero perdoname que te contradiga, pero el fútbol NO es un estado de ánimo, el fútbol es una pasión que nace en el balón y se desarrolla con los 11 que lo tocan en la cancha. Si el fútbol no es más que un estado de ánimo para tí, entonces eres un AFICIONADO, no un verdadero fanático!!!.


Quienes de verdad me conocen, así lo que se dice bien, sabrán cual es mi estado de ánimo cuando me dedico a hablar de fútbol. También los que me conocen saben que si de algo no me podrán tildar jamás en esta vida (del resto sí) es de que yo no sepa de que estoy hablando cuando hago alguna referencia al deporte más universal del mundo. Quienes me conocen, saben la reacción químico-neuro vascular que semejante frase, escrita por mi querida CT, pudo producir y de hecho produjo en mi organismo.


Y no es que CT sea cualquier aficionada. No, al contrario. Si una de las principales cosas que me gustan de ella es que no es la típica fémina que observa el fútbol sólo para ver a los tipos en pantalones cortos. Sí lo hace como no, pero al lado de ésta muestra irrefutable de su feminidad (porque sí algo tiene también es eso) CT es una caraja que de verdad le gusta el juego, se apasiona por su equipo, insulta a los árbitros, conoce las posiciones de los jugadores y hasta va al estadio!!!...aunque últimamente su versión de mujer casada no hace acto de presencia en el Olímpico con la regularidad que lo hacía la mujer soltera (mucho más divertida que aquella). En todo caso estoy averiguando si es que las actas de matrimonio de ahora contienen alguna prohibición a las mujeres casadas de ir al estadio a apoyar, pero ese es otro tema.


De hecho, por CT es que mi tradicional intolerancia hacia esa despreciable extirpe denominada "pastelero" ha amainado en los últimos tiempos (Pastelero: argot futbolístico venezolano para identificar a esas personas que se cortan las venas por equipos cuyas ciudades se encuentran a 3.000 km de distancia) . Ella de cierta forma me hizo ver que se puede ser de aquí y de allá, siempre y cuando exista un vínculo de sangre fuerte con la tierra de los ancestros y aunque no exista dicho vínculo, esa vaina es peo de ellos, me dijo una vez. Cierto, así es.


No obstante lo anterior, me parece que mi querida y catalana (si, es del Barcelona y por cuestiones de sangre, no como la mayoría de los pasteleros de acá, aquí vino otra vez mi intolerante reprimido) amiga se equivoca de cabo a rabo cuando pretende crucificarme por pensar, tal como los mayores expertos del mundo futbolístico piensan, que el fútbol es un estado de ánimo.


Veamos. La frase en cuestión se le ha endilgado a ese filósofo del fútbol llamado Jorge Valdano, campeón del Mundo con Argentina en el 86 y actual dirigente del odiado rival de CT, el Real Madrid. Aquí tal vez pueda radicar, en parte, la animadversión de mi estimada hacia la clásica frase, animadversión que se me antoja proveniente de su mismo ADN blaugrana, porque aunque CT es una de las mujeres mas inteligentes que conozco, no creo que haya tenido conciencia cierta de que la autoría de la frase correspondía a Jorge Valdano.


Y que explica esta frase, repetida y suscrita por centenares y centenares de jugadores y técnicos a lo largo de la historia? pues muy sencillo. La frase en cuestión nos explica, de una manera por demás sencilla, que no importa el talento, no importa la condición física, no importa que lleves 500 partidos invicto o que las apuestas estén en contra de tí 500 a 1. Lo verdaderamente importante y determinante para vencer en el fútbol, al igual que en la vida, es el estado de ánimo que se tenga para afrontar los partidos y desafíos que se te presentan. Punto. No hay mayor profundidad en esto. No se ha descubierto el agua tibia. Así es la teoría.


Pero esta teoría tiene su práctica, y comprobada además. Ejemplos en la historia del fútbol abundan, famosos y rebuscados. Entre los famosos (y mi favorito personal) está lo acontencido el 16 de julio de 1950 en el estadio Maracaná de Río de Janeiro, Brasil. Se enfrentaban entonces, el superfavorito y talentoso equipo local, contra un Uruguay que venía en son propicio de cordero camino al matadero. De acuerdo a la modalidad de ese entonces, no se jugó un partido final como ahora se hace, sino que se jugó un cuadrangular. Para hacer el cuento corto, si Brasil empataba o ganaba, era campeón. Nadie osaba hablar de que el rudo y gris equipo uruguayo pudiera vencer, ni los mismos periodistas uruguayos lo creían pues. Un Brasil lleno de figuras, de talento, de pasión, de jogo bonito y espectacular era el claro favorito en las apuestas. Ciertos sectores uruguayos llegaron incluso a insinuar que era conveniente que algunos jugadores se hicieran expulsar para justificar la seguramente humillante goleada que recibirían.


Sin embargo, y ante un marco de 200.000 personas, y una inmensa nación de 100 millones de habitantes pegadas al aparato de radio, una sola persona, con un estado de ánimo distinto, cambió el rumbo de la historia. Cuando Brasil se fue arriba en el marcador, y el carnaval se encendía en el estadio y en todo el país, Obdulio Varela, capitán de los uruguayos, agarró el balón depositado en sus redes, se lo colocó debajo de un brazo y, con un trote lento, se dirigió al juez de línea para reclamar un off side por demás claramente inexistente. Los brasileños no entendían nada, y los uruguayos menos. Varela se quedó hablando con el linier y después exigió un traductor para que el inglés lo pudiera entender, mientras que los brasileños solo se dedicaban a insultarlo, desesperados por reanudar el juego. Allí pasó como 10 minutos.Tiempo suficiente para que el equipo brasileño y las 200.000 personas perdieran el ímpetu que trajo el gol. Luego, Varela trotó de nuevo hacia la media cancha y colocó de nuevo el balón para la reanudación. El trabajo estaba hecho: los jugadores uruguayos, que veían como el mundo se les venía encima al momento del gol brasileño, pudieron, en esos 10 minutos, modificar su estado de ánimo, calmarse y reagrupar fuerzas. Los brasileños, que traían el ímpetu de comerse al rival, aplacaron sus fuerzas. El resto es historia.


Y es que de verdad, no importa realmente el tamaño del rival, o lo bien que pueda jugar un equipo. El ánimo lo es todo. Si Varela no hubiera sido un tipo de esos que afrontaban los partidos con el temple que siempre mostró, si no se toma esos 10 minutos para que el ánimo de su equipo no cayera, seguramente ese día se comían mínimo 6 goles. El equipo de Brasil era evidentemente superior en todos los sentidos, pero un solo momento en el juego, donde el estado de ánimo de los jugadores fue modificado por una acción puntual, dió al traste con tanta magia futbolística que tenían en sus pies los jugadores del Scratch.


El fútbol está lleno de estos ejemplos. Más cercano a nuestro tiempo tenemos a la selección de España, de la cual mi querida amiga CT es clara doliente, hoy flamante campeona mundial y de Europa. España siempre tuvo el fútbol, siempre tuvo los jugadores, pero algo pasaba siempre, algo que no dejaba que la Roja perdiera el eterno mote de la "siempre favorita". Ese "algo" tenía evidentemente que ver mucho con el estado de ánimo de sus jugadores. Bastó que a trompicones y como pudieron (incluso venciendo a su eterna bestia negra, Italia, en semifinales) llegaran a la final de la Eurocopa del 2008 y vencer a los temibles alemanes, para que los españoles se convencieran de que sí eran capaces de ganar un torneo. Ese convencimiento es el estado de ánimo del que habla Valdano y compañía. El talento existía, las condiciones físicas también, la táctica impecable, pero sin convencimiento, sin el estado de ánimo adecuado, no se va pal baile en ningún lado. Si España no ganaba la Euro del 2008, seguramente tampoco habría ganado el Mundial, eso es seguro. ¿Que cambió en España? el ánimo con el que ahora enfrentan los partidos, con esa confianza que ahora les da el saberse campeones.


Por eso y por múltiples ejemplos más, mi querida CT, es que el fútbol es un estado de ánimo. Claro que el Barcelona tiene el talento, claro que su fútbol es una pasión que nace en el balón y se desarrolla con los 11 que están en cancha, pero nada de esto tendría sentido si cada uno de esos jugadores no tienen el estado de ánimo suficientemente aleccionado para brindar semejante espectáculo, el animus futbolisticus para llamarlo de alguna forma. Y por eso te puse el ejemplo del Real Madrid para el juego de mañana: ese equipo viene en alza porque saben que tienen en sus manos la oportunidad de vengar tantas humillaciones recientes que le ha impuesto la maquinaria de Guardiola. Están en semifinales de la Champions por primera vez en siete años y ante su eterno rival además, vienen de un 0-5 en el partido de ida y tienen la oportunidad, en menos de un mes, de borrar tantas humillaciones en varios frentes además. (La liga está perdida, pero pueden ganar Champions y Copa del Rey). Si hay algo que trabajan los cuerpos técnicos mi estimada, es el ánimo de los jugadores, porque saben que es aquí donde se deciden de verdad los partidos. Recuerda el famoso video de Guardiola antes de la final de Champions ante el Manchester U. Nada podría hacer tu amado Piqué si por cualquier causa, entra con un estado de ánimo inadecuado para un juego.


Y como se dijo, nada de esto es nuevo, ni se está descubriendo el agua tibia. El fútbol, con su desesperante simplicidad, constituye como pocos deportes un fiel espejo y reflejo de la vida, donde la única forma de enfrentar los desafíos y los problemas, sean grandes o pequeños,van a depender en mayor o menor medida del estado de ánimo con que las asumamos, porque al fin y al cabo, de nosotros mismos no dependen la mayoría de los problemas que nos encontramos, pero sí dependen de nosotros la forma como los enfrentemos, si tirarnos a llorar y dejar que todo se pierda, o de plantarle cara a la vida y darse golpes con ella cuando sea necesario.


Porque al final del cuento, mi catalana consentida, el fútbol, como la vida, es sencillamente un estado de ánimo.




lunes, 4 de abril de 2011

DANDO ALEGRIA A MI CORAZÓN...

Me gusta la música de Fito Paéz. Confieso que lo estoy escuchando de un tiempo para acá y que no puedo atribuirme la condición de "fanático" del pana desde que el mismo andaba por las calles de Rosario tirándose cuatro peos y saliendo de cuánto bar maloliente habita esa ciudad sureña. Pero lo poco que conozco de sus letras y su música de verdad me identifican, mucho más allá de una rítmica mariposa tecnicolor.

Del poco repertorio que conozco, creo que uno de los que más tarareo, y cuyas frases rompen récord de colocación en cuanta red social existente me lo permite, es áquel que constituye un verdadero S.O.S de ayuda-sin destinatario específico- y que se titula "Dale Alegría a mi Corazón". La canción en sí misma, constituye un verdadero clamor del que la canta para con su interlocutor- desconocido se vuelve a insistir- de que le alivie en algo las penas, de que le dé un poco de alegría, porque "hoy no tuve un buen día por favor". Dificulto de verdad que exista ser humano en esta vida que no pueda identificarse, por lo menos alguna vez, con cualquier parte de esta recomendada pieza musical.

El sábado pasado acudí, según costumbre, al estadio de fútbol para ver a mi eterna adicción roja, el Caracas FC, en otro partido más del ya avanzado Torneo Clausura del fútbol nacional. Pero esta ocasión presentaba algo especial, algo distinto, y no sólo porque por primera vez en mucho tiempo, no me ubicaba en el mero centro de la grada central, justo debajo de la bandera nacional. En una de inevitable aburguesamiento-la edad comienza a pegar- y ayudado en gran medida por el importante puesto que una gran y vieja amistad ocupa en uno de los patrocinantes del equipo, me situé ese día en los puestos VIP de la tribuna techada. Demás está decir que las acciones de esta amistad han tenido un alto repunte en el mercado de valores (Forza Ysa!!!)

Así que allí estaba yo, sentado en los "Very Important Person" (lo cual mi alma arrabalera siempre se ha empeñado en traducir como los "Very Insignificant Person" soy así, que puedo hacer) al lado de otra fiel amistad (Visca Rodia!!) preparado para disfrutar, una vez más, del particular sabor que tiene el fútbol en mi ciudad. Pero esta ocasión era sin duda especial. Y es que como nunca antes, no sólo es que se deseaba, es que era necesaria, URGÍA la victoria. Allí llegó otra vez Fito Paéz a sentarse en la silla VIP y su ruego al interlocutor anónimo: "Y dale alegría a mi corazón, es lo único que te pido al menos hoy".

Y es que ciertamente, hay días de días, semanas de semanas y meses de meses. Pero estos últimos días no han sido exactamente de los mejores. Noticias allá y eventos acá, terminan por pisotear al optimista que se lleva por dentro y a elevar al podio de ganadores al ladilla pesimista de siempre repitiéndote al oído: "te lo dije, todo es una mierda". Noticias que terminan por agarrarte el corazón y colocarlo al ritmo de una marcha fúnebre.

Y entonces es cuando viene el ruego y la súplica. Quieres darle un poco de alegría a ese corazón triste. En mi caso, y ante la comprensible (y a veces no comprensible) ausencia de los tradicionales interlocutores y destinatarios, siempre puedo contar con mi querido Rojo, uno de los pocos que casi nunca falla. El siempre está allí, fiel a la cita cada 15 días, dispuesto a asumir su rol de destinatario de mi súplica, y a brindarme alegría, empeñado en hacerme entender, una y otra vez, que las penas que aquí estuvieron, sencillamente no estarán más.

Y así comienza la terapia de 90 minutos. Al minuto 16 una escapada de Alexander Gonzalez deja solo a Barahona, quién me recuerda, al fusilar el arco rival, que aunque mi hermanita del alma se vaya a vivir lejos, eso no significa que el cariño también se va. Que ella siempre estará a tu lado, como siempre lo estuvo desde que ambos eran niños, y que no hay distancia posible que pueda con la madera fina de la cual ambos están hechos. Y es que me dicen el Matador y yo soy del Rojo.

De la misma forma, el golazo de Edgar Jimenez que puso el 2-0, me espeta en la cara, con la misma soberbia violencia del chute, que aunque seguramente nos perderemos muchos de sus momentos, Mariana Isabel seguirá siendo tu sobrina-ahijada, y que la vida lamentablemente es así, a veces separa a las familias sin ninguna aviso. Uno entiende que, pese a todo, Mariana va a crecer en un sitio donde no existe ese gusto por el resentimiento y la mediocridad que lamentablemente está enquistado, de un tiempo para acá en nuestra sociedad, y que pese a la tristeza y el hueco en el corazón que va a dejar su no presencia, todo será por y para su bien. Tendremos una sobrina gringa, ni modo, pero al Caracas lo quiero, y lo llevo en el corazón, por eso esta temporada a salir campeón.

Sin poder recuperarme del segundo, se vino el tercer gol, obra magistral de Angelo Peña. El grito de celebración terminó de ahogar la arrechera que supuso el ser vetado para un buen trabajo que venía cocinando hace ya tiempo, sólo por aparecer en una lista. Con ese gol vino la convicción de que, aunque por los momentos no pareciera ser el caso, la justicia siempre llega, y que nada cae en saco roto. Entonces que la canten todos, la linda canción, incluso que la canten los pasteleros a los que les falta corazón.

Luego hizo su aparición también el Giova Romero, recogiendo un rebote y colocando el cuarto gol, el cual me explicó que, aunque entiende que da arrechera, ya uno no anda de 15 y el cuerpo pasa factura. Que mejor me lleno de paciencia y hago mi terapia de recuperación del hombro, que ya llegará el momento de volver a los extrañables ejercicios, de los cuales ya llevo apartado casi 5 meses. Que por ahora siga haciendo lo único que puedo hacer: correr. Y claro, cantar, cantar a todo pulmón que hoy he vuelto a la cancha después de tanto tiempo, y que nuestros jugadores están metiendo el pecho.

Y como nunca hay quinto malo, y como por lo general, el que abre siempre es el que cierra, Barahona volvió a recordarme en esa tarde de fútbol perfecta, con su segundo tanto y el quinto del Rojo, que aunque tengamos todos los peos del mundo, siempre es posible encontrar una salida, y que la vida es un asunto demasiado importante para tomarsela tan en serio. Que lo único que no tiene remedio en esta vida es la muerte, y que para entonces, ya nada importará. Y que ya llegó tu barra, la que grita, la que salta, la que toma birra y fuma marihuana.

Se acaba el juego y la terapia de 90 minutos ha surtido sus efectos. Suenan los tres pitazos del árbitro y uno ya ve el mundo un poco distinto. Claro, el destinatario de mi súplica no puede evitar que mi familia sufra una dolorosa separación, ni me podrá devolver el trabajo que por méritos era mío y me fue arrancado por el resentimiento y la mediocridad. Mucho menos me puede devolver la fuerza que necesita mi hombro para ser el mismo de hace un año. Nada de eso.

Pero mi súplica no cae en saco roto. Llegué pidiendo alegría para mi corazón y me fué dada. Grité a los cuatro vientos que no tuve un buen día, y se me respondió con creces. Me espetaron y me gritaron que afuera se irían las penas y el dolor y cumplieron, que ya podía beber y emborrachar la ciudad en celebración, dejando marcada en el alma la particular satisfacción que supone entregar tu corazón a algo que no puedes controlar. Satisfacción de plena libertad, porque finalmente, solo es libre áquel que ama sin esperar nada a cambio.

Como no te voy a querer??





viernes, 1 de abril de 2011

EXTRAÑANDOTE...

Así es señorita, se le extraña y mucho. No pretendo hacer de esto una declaración de amor ni mucho menos, pero ciertamente su ausencia duele, y cala hondo en los huesos y en los músculos, en el ánimo y en el corazón.


Quite esa cara de sorpresa y no se haga la desatentida. Usted mejor que nadie sabe lo que desde este lado de la cancha se siente por su aroma, por la belleza de su desnudez y por los recuerdos de los atardeceres en su compañía. Y si todavía no lo ha notado pues, mala suerte, pero ambos sabemos que eso no es verdad.


Las señales han sido por demás claras. Desde que te conocí, siempre te he buscado, de una forma o de otra. Cualquier excusa siempre era válida al momento de tenerte cerca, de disfrutar de tu olor, de tu color, de tu mirada, de tu sonrisa. Creo que el brillo en mis ojos era evidente cada vez que te miraba, como evidente es el hecho de que daría cualquier cosa por tenerte a mi lado. Cosas de la vida, uno siempre se antoja de lo que no debe.


Pero tú siempre tan altiva, tan inalcanzable. Por momentos pareciera que cedieras, pero que va. Tu amor es otro, venido quien sabe de donde, pero es a él a quien te entregas por completo, haciendo caso omiso de esta devoción hacia tu piel y hacia tu corazón. Solo entregas lo justo, sin advertir que cada mirada o caricia tuya, solo va colocando más distancia a tu necesario olvido.


Si tan solo pudieras entender lo que siento por tí. Pero eso es imposible, lo sé. Tampoco existen palabras para explicarlo, y aunque existieran, las mismas no tendrían ningún sentido, porque los grandes amores de la vida no tienen explicación alguna, se sienten o no se sienten, punto. En mi caso, mi amor por tí fue sin duda, amor a primera vista, y a segunda, y a tercera, y a cuarta, y ya no sé por cual absurda medida humana va. Lo cierto es que sin explicación ni razón alguna, usted se ha convertido en inolvidable para mí, y mucho.


La mayoría de las personas no entienden de mi devoción por tí. De hecho, la mayor parte de mi propia persona tampoco. Lógico, somos seres humanos y está claro que para entender al amor, es necesario quitarse ese manto mundano y racional que respiramos día a día y perderse en la magia, en la devoción y en la entrega sin límites de nuestra pequeña parte de divinidad. Por esto es que somos dioses. Porque somos capaces de amar, de dar y de morir por algo o por alguien, sin necesidad de esperar nada a cambio.


Y por eso sé que te amo. Porque no espero ya nada de tí. Porque soy capaz de hacer lo imposible por verte, por tenerte cerca y sentirte, y al mismo tiempo no me interesa si puedes regalarme una sonrisa, una palabra o un gesto de cariño. Me conformo solo con saber de vez en cuando de tí, y llevarte en mis cinco sentidos todos los días de mi vida, hasta que Aquel que está arriba decida que hacer conmigo.


Y recordarte claro. Recordar el día en que te conocí. Recordar el color del cielo de ese día y el olor del aire. Fue un día que conversamos por horas y horas, aderezados ambos con bastante alcohol y sinceridad. Allí mismo te prometí amor eterno. Tú te reíste, sin creerme. Pensaste que sólo eran los efectos de la intoxicación alcohólica, y que te olvidaría apenas diera vuelta. Pero te equivocaste señorita, jamás te di olvido, al contrario. Te he extrañado cada día de mi vida desde entonces, sin poder sacarte nunca de acá dentro. Es inútil que me pongas esa cara de sorprendida, te repito.


Pronto he de verte otra vez. Cuando no sé, como mucho menos. Sé que para el idioma de los humanos, estás algo lejos de acá. Pero mi mundo se empeña en verte demasiado cerca. Y es que ya es hora de que vuelvas a entrar en el partido de mi vida de nuevo, porque de verdad el equipo está pasando por una mala racha y necesita una inyección urgente de tus sonidos y de tus olores, para ver si salvamos la categoría, por lo menos esta temporada. Te cuento que hemos recibido últimamente muchas goleadas y las ganas de seguir jugando van mermando poco a poco. Como ves, tu presencia se hace de verdad necesaria.


Claro que de nada de esto te enterarás cuando te vea. Sólo te diré las típicas palabras de saludo, de cortesía y de despedida. Te contaré que todo anda bien en mi vida, hablaremos del alto costo de la vida, de la inseguridad y de la familia. Nos reíremos con los viejos chistes de siempre y con los nuevos. Hablaremos de los amigos y de los amores, nos beberemos algunos tragos y después, el típico adiós entre ambos. Nos disfrutaremos por un rato nada más, sin entrar en mayores consideraciones.


Y ya al despedirnos, nuestros ojos se cruzarán, como siempre lo hacen, y durante unos pocos segundos, sé que los míos dirán todo lo que se puede decir sin decirlo, besarán todo lo que se puede besar sin besarlo, y abrazarán todo lo que se pueda abrazar sin abrazarlo. Y sé que tú te darás cuenta, aunque no quieras admitirlo. No importa, la vida, ésta o la otra, sabrá encontrarnos de nuevo algún día, como hace la vida con todas aquellas almas condenadas a estar juntas. Tú volverás a tu vida, a tus sueños y a tu serena belleza, siempre tan altiva, siempre tan inalcanzable.


Y yo volveré entonces al mismo lugar de siempre, en la exacta mitad de la nada, queriéndote, pensándote, extranandote...






lunes, 28 de marzo de 2011

BAJO SOSPECHA DE SER SOSPECHOSO...

No recuerdo exactamente el tipo de programa, seguramente de carácter cómico, donde la frase que titula la presente era repetida una y otra vez. Sólo recuerdo a un diligente ¿policía? repetir el estribillo, con las típicas sonrisas grabadas en el fondo: "queda detenido bajo la sospecha de ser sospechoso",y el resto de la audiencia soltaba la carcajada. Pero sinceramente, no recuerdo exactamente que comedia era. Mea culpa.

Y es que la frase en cuestión, de por sí sola, invita precisamente a eso, a la risa, motivada tal vez por lo absurdo de la cuestión. Porque, de verdad, pensar que alguien pueda sufrir algún castigo o pena sólo por la simple sospecha de ser sospechoso de algo, que no se sabe qué es, resulta a todas luces, motivo de una sonora risotada, por decir lo mínimo. Y sólo un comediante experto, en plena actuación magistral, es capaz de encarnar a semejante personaje, la autoridad que sanciona a alguien por ser sospechoso de algo.

Pero como dice la canción de ese filósofo de la vida como lo es Rubén Blades, "la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida", vaya usted a saber que precisamente en esta vida, en este tiempo y en este lugar, existe un conglomerado de serios aspirantes e encarnar a ese comediante que, vestido de policía, se llevaba a cuánto desgraciado ser se le cruzaba por delante, bajo la sospecha de ser sospechoso. Vamos, no debe haber ninguna sorpresa al respecto. Es de la naturaleza de todo ser humano el querer imitar a sus ídolos de la televisión, sin importar sí el mismo es el héroe de la película, el villano o, como en nuestro caso particular, el payaso de la cuestión. Eso es lo de menos.

Hace poco me topé con un personaje de esos. O bueno, siendo sincero, no me topé, gracias a Dios. Sólo tuve una especie de contacto indirecto, referencial, con ese comediante, o mejor dicho, con esa persona que aspira a ser como el comediante, y busca sospechosos por todos lados, con qué finalidad, bueno, sólo esa persona sabrá.

Lo cierto es que hace días, me contactó una amiga con la mejor intención del mundo, informándome que en cierta Institución Jurídica del Estado, reconocida por el históricamente alto grado de profesionalismo de sus integrantes, estaban buscando gente con mi perfil, y que nada perdía metiendo un resumen curricular. Como no, me dije yo. El lugar en cuestión presentaba mejores beneficios, tanto económicos como laborales, amén de un trabajo mucho más técnico que el lugar donde actualmente estoy, donde lo político pesa en un 110%. En fin, arreglé un poco mi CV, y ni corto ni perezoso, envié todos mis datos a la reconocida Institución Jurídica.

Con un poco de modestia aparte, y de acuerdo al trabajo que la amable coordinadora que realizó la entrevista me explicó, yo encajaba perfecto para el puesto. Así me lo hizo saber la misma persona, la cual acto seguido me explicó todo lo referente al sueldo, bonos, beneficios, etc etc. Todo bien. Excelente. Te llamaremos entonces seguro. Adiós. Posteriormente, la misma buena amiga que me había informado lo de los puestos vacantes, me escribió para decirme que había visto mi CV pasar a Recursos Humanos con la recomendación de que fuera contratado. Vale decir que mi amiga tiene buenas influencias adentro, así que pudo decirme también que el superior inmediato de casi todos, también había dado el visto bueno para mi contratación. Perfecto, solo quedaba una última llamada, para formalizar todo el asunto, y así comenzar una nueva faceta en mi carrera profesional.

Pero, que vaina que siempre hay un pero. Resulta que la esperada llamada se comenzó a tardar. Que raro, seguro pasó algo, decía la parte pesimista que todos llevamos dentro. Tranquilo, es sólo cuestión de tiempo, ya deben estar por llamarte. Tienes el Curriculum y fuiste aprobado por tus dos futuros jefes. Paciencia, me repetía la parte optimista que no todos llevamos dentro.

Y finalmente apareció el comediante en escena. Resulta que en todo el baile de llamadas, entrevistas, estudios y experiencia intercambiado con los interesados, se nos olvidó contar con el más importarte: el aspirante a imitador del comediante, el cual, para desgracia de quién escribe, en este caso, ocupa la más alta jerarquía de la ya no tan prestigiosa Institución Jurídica donde aspiraba a ingresar. Y es que cuando se es sospechoso de algo, aunque no se sepa de qué, siempre será un problema toparse con este tipo de personajes.

Y el personaje entró en escena. El asunto en cuestión es que por el solo hecho de haber ejercido un derecho constitucional-con que se come eso- cómo lo es la libertad de conciencia y haber plasmado una firma en una solicitud para convocar un acto electoral expresamente contemplado en la Constitución, automáticamente yo he entrado en la lista de ser sospechoso de algo, de qué no sé, pero solo sé que soy sospechoso, y por lo tanto, totalmente inhabilitado para ejercer la defensa judicial de los intereses de la República donde yo nací.

No es importante en realidad, en que Universidad uno se gradúa, ni los estudios realizados, ni mucho menos tu experiencia laboral. Tampoco importa las recomendaciones de tus futuros jefes inmediatos, que son los que mejor conocen lo que necesitan para llevar a cabo sus importantes tareas. Poco importa además si estás preparado o no para el puesto. Lo ÚNICO importante acá es que, si ejerciste un derecho consagrado en la Constitución y, por mala pata a alguien por allí se le ocurrió divulgarlo a los cuatro vientos, tú eres culpable. De qué, bueno supongo que el cargo varía según la óptica de que se trate, pero lo único cierto es que eres culpable, culpable de ser sospechoso.

Y aquí entonces es donde entra nuestro infaltable comediante: el carajo te castiga, el carajo te lleva preso, el carajo no te da el puesto, porque tú expresaste libremente tu opinión y ejerciste tu derecho como ciudadano. Pero para el policía comediante, tú no hiciste eso. Tú conspiraste contra tu país y contra tu pueblo. Y aquí no se perdona la traición, venga de donde venga. Eres sospechoso y punto. Lo dramático del asunto es que, a diferencia de las comedias televisadas, aquí no hay risas de fondo, solo hay impotencia y arrechera.

Impotencia porque es un sistema perverso. Te dicen sin tapujo que la Institución Jurídica- la cual por su propia condición debe ser la más llamada a respetar el ordenamiento jurídico- no te va a contratar, vulnerando de hecho por lo menos cuatro normas constitucionales, porque eres sospechoso de algo, pero es algo que no tienes donde ni como probarlo. No tienes donde denunciarlo y ni una carta puedes enviarle al comediante diciéndole lo que piensas porque es posible que hasta preso salgas, sin contar que se puede perjudicar a la buena amiga que trató, en su buena fé, de conseguirte un puesto de trabajo. Y arrechera porque te das cuenta en la clase de sociedad que vives, donde personas llamadas a ser los primeros custodios de la ley son los que más la violan y pisotean. Donde no tienen ningún valor tus méritos profesionales o tu experiencia, porque lo que importa es que estés alineado con la ideología política de turno. Donde se deja a un lado la capacidad profesional y experticia de millones de personas que pueden aportar una gran cantidad de recursos al país donde nacieron, solo por el resentimiento y el deseo de venganza de los mediocres de turno. Donde el comediante no está solo en los programas cómicos de la TV, sino en cada parcela de la vida diaria.

Así que, como dicen por allí, "no se vista que no va", es lo que me sale a mí. Tendré que aplazar mi ya casi lista carta de renuncia y sacarme de la cabeza ciertas cositas que ya estaban comenzando a tomar forma. Ni modo, es el precio que hay que pagar por pensar un poco distinto a algunos por allí y de manifestarlo por las vías que la misma ley te indica. Lo que el comediante ignora tal vez, es que posiblemente llegará el día en que las risas de fondo ya no serán porque su actuación sea buena o convicente, sino porque a algún libretista inteligente se le ocurra cambiar un poco el dialógo a la trama, y la misma dé un giro inesperado. Pero hasta entonces, el polícia comediante será el protagonista de la escena.

Y yo, mientras tanto, seguiré marcado con la misma tinta de la firma que me inculpa, y seguiré preso y apartado, condenado, como millones de personas más, por un delito que nadie conoce, pero bajo la sospecha de ser sospechoso.



sábado, 26 de febrero de 2011

DANIEL ALEXANDER...


A ver Daniel Alexander, deja por un momento ese tetero y presta atención, que quiero decirte algunas cosas...

Ya hice este ejercicio con tu prima Mariana, la cual, al igual que tú, seguramente me verá con esa cara de "¿que habla este loco?", bien, no importa, igual presta atención, que hay ciertas cosas que debes saber..

Primero, al igual que tu hermano, y que el resto de tus primos, debes saber que eres un bebé superquerido. Que aunque tu llegada fue una sorpresa, en nada disminuyó el amor por tí y la emoción que supone tener a un nuevo miembro en la familia. Además, viniste a romper una sequía de bebés que ya se extendía por casi 10 años, desde que tu prima Oriana decidió venir al mundo un día de los inocentes del año 1999.

Vienes de una familia mestiza mi querido Daniel. Por eso es que ves a tu papá negrito como el café, y a tu mámá tan blanca como la leche. Aunque no lo creas, hay lugares en el mundo donde tal cosa sencillamente no es posible. Por eso mismo Daniel, es que tú, como el resto de tu familia, eres digno ejemplo de la expresión mas acabada del amor y de la tolerancia entre los seres humanos. Por supuesto, eso siempre te deberá llevar a no menospreciar ni discriminar a nadie en la vida, sin importar de donde venga o de que raza o religión sea. Recuerda que tu molde se hizo rodeado de mucha, pero mucha madera fina, y para conseguir esta madera, se necesita tomar lo mejor de muchos sitios, lugares y olores, porque en la diversidad es que está el gusto, aprende esto.

Tus papás son un par de loquitos, en el buen sentido de la palabra. Fueron la típica pareja de rumbas y de echar vaina, pero la vida también les ha enseñado a enseriarse un poco más de lo que seguramente ellos hubieran deseado. En este sentido, tú has sido pieza importante para su consolidación como padres. Tienes la ventaja de que eres el segundo, así que los platos rotos de su novatado como papás los pagó en gran medida tu hermano Héctor. ¿Ves que naciste con buena estrella?

Físicamente, eres la cagada de tu papá, salvo en el color de la piel. Aunque yo insisto que te pareces más a tu abuelo Nelson. En fin, como aparentemente serás el típico tanquecito que fue tu padre en su infancia, debes saber desde ahora que no debes abusar de los más pequeños o los más débiles que tú. Utiliza mejor esa fuerza que indudablemente vas a tener (porque eso de zamparse la cantidad de comida que te zampas no será de gratis) en defender a los que no pueden hacerlo de los infaltables abusadores de turno. Aprende que siempre habrán niños que quieran abusar de otros. No te dejes, ni lo hagas tú. Hazte respetar siempre.

Estudia mucho Daniel. La vida cada vez es más competitiva y agresiva, así que tienes que tener las herramientas necesarias para enfrentarlas. Cuando creas no poder, pásate a visitar a tu abuelita Rosa, dile que te prepare un pasticho y que te cuente algo de su vida para que te des cuenta, de que si tu viejita abuela pudo, como no vas a poder tú, que llevas su sangre desde la cabeza a los pies. Quiere mucho a tu abuela Daniel, abrazala y aprovechala lo más que puedas. Manipulala para que te prepare su mundialmente famosa salsa boloña. Te puedo prometer que no probarás nada mejor en la vida.

Sé amigo de tu papá. Es un gran pana y seguramente te divertirás mucho con él. Hazlo orgulloso de tí, sácale buenas notas. Juega pelota con él. Haz deporte. Desde pequeño te la pasas chutando un balón, y ya a los dos años gritabas "goool" clarísimo, así que yo te recomiendo el fútbol, pero claro, juega lo que te dé la gana. Nada de agarrar vicios Daniel. Aprende desde ahorita que el fumar no te hace más hombre, solo te hace más estúpido que los demás. No bebas en exceso. ALEJATE de las drogas. Son el veneno del alma, y tu alma vale mucho mi querido sobrino.

Con las niñas, tendrás una relación de odio-amor. Hasta tus 10 u 11 años las considerarás un fastidio. Después no podrás vivir sin ellas. Así que, aunque tu padre es mas ducho que yo en esta materia, sólo voy a decirte que, en cualquier situación, y a cualquier edad, a las muchachas les gustan hombrecitos. Esto es, hombres con personalidad propia. No importa cómo seas, tímido, extrovertido, serio, echador de vaina, pero siempre sé tú mismo. Al lado de esto, trátalas siempre como damas, incluso cuando muchas de ellas no se comporten como tal. Echale piropos, y siempre debes de observarlas a los ojos. Aprende a bailar lo necesario, te ayudará mucho si otras estrategias no te sirven. No te metas con la novia de otro, salvo que éste no sea tu amigo y de verdad estés convencido de que es la que es. En este caso, lucha por todos los medios por ella. Abrirle la puerta del carro, sacarle la silla, darle tu chaqueta cuando tenga frío, dejarlas pasar de primero y regalarle flores de vez en cuando, son cosas que todo caballero debe hacer, y siempre te lo sabrán agradecer como sólo las mujeres pueden hacerlo. Recuerda que ellas son, con todos sus defectos, lo mejor que hay en el mundo, incluso por encima del fútbol. Eso sí, no trates de entenderlas mi querido sobrino. Nuestro cerebro, con toda la inteligencia del mundo, no está programado para eso. Solo quiérelas, es suficiente.

Trabaja y sé siempre un hombre de bien. No importas lo que hagas, pero siempre hazlo bien y sin perjudicar a las demás personas. Aprende inglés y después aprende otro idioma más. Te ayudará mucho en cualquier cosa que pretendas hacer, y a las mujeres por lo general les encantan los tipos que puedan decirle "te amo" en varios idiomas. Vive en el extranjero un tiempo pero vuelve. Valora las cosas y no derroches tu dinero. Disfruta de las pequeñas cosas de la vida: un paseo por el Avila, un helado, un partido de fútbol, correr al aire libre, un atardecer en cualquier playa. Por lo general son las mejores cosas de la vida y no cuestan mucho. Viaja todo lo que puedas, come lo que te de la gana. Haz ejercicios. Practica algún arte marcial. Aprende a defenderte en cualquier aspecto de la vida.

Valora siempre a tus amigos. Es muy raro encontrarlos, así que cuando los tengas cuidalos como un tesoro. Mantén a tus amigos de la infancia siempre. Podrás tener muchos panas, pero amigos hay muy pocos. Ellos siempre llegarán tarde a las celebraciones, pero serán los primeros en cualquier desgracia o dificultad. No peleen por mujeres ni por dinero. Beban juntos, cuidense las espaldas y siempre diganse las cosas sin tapujos.

Quiere y cuida a tu país. Aprende a conocerlo. Jode bastante en sus playas, son las mejores del mundo. Aprovecha éste clima. Ve a Margarita alguna Semana Santa. Conoce Playa Medina. Hazte fanático del Caracas FC y aprende a entregar tu corazón en algo que no puedes ni podrás controlar. Es la mejor escuela para aprender el verdadero concepto de amar. No le hinches a equipos de afuera. Disfruta de la echadera de vaina del beisbol y ojalá seas magallanero. Quiere a tu familia, abraza a tu tía Raiza, siempre se le han ido sus ojos por tí. Sé pana de tu hermano y aprovecha ser el hermano menor. No pierdas contacto con tus primos Rafael y Oriana, y claro, cuida y sé amigo de Mariana, tu prima menor. No seas malcriado con tu mamá, ella es el ser que más te quiere en la vida y con gusto daría lo que tiene y lo que no tiene por tí.



Lee mucho. Jamás te quedes con la explicación "oficial". Busca siempre la otra versión. Aprende de tu abuelo Nelson el pararse todos los días temprano y de buen humor. No hagas chistes de la muerte o del sufrimiento ajeno. Cuida el ambiente. Entiende a los que piensan distinto a tí. No te hagas adicto a la TV ni a las porquerías que allí venden. Es mentira que solo los rubios de ojos azules son los únicos príncipes de la historia y se llevan a las más bonitas. Preguntale a tu papá. No creas en los políticos, entiende que son un mal necesario, pero que no hay que darles mas poder que el necesario. Recuerda que la justicia sí existe, y aunque tarde, siempre llega.

Y claro, disfruta tu vida Daniel, plantale cara y pelea cuando se ponga difícil, y ríe todo lo que puedas cuando la misma te traiga alegrías y amor, la misma alegría y amor que trajiste a ésta familia cuando naciste, y que repartes cada vez que tu-por ahora- diminuta figura aparece....

Ya puedes volver a tu tetero Daniel, y que Dios te Bendiga todos los días de tu vida....

MARIANA ISABEL...


Escucha bien Mariana, voy a decirte algunas cosas que tal vez puedan servirte de algo cuando esos pequeños pasitos que hoy das se conviertan en pasos firmes y esa curiosidad que hoy reflejas en tus enormes ojos marrones sean la luz a través de la cual te abras paso en esta montaña rusa de emociones que los seres humanos solemos llamar "vida".


Lo primero que voy a decirte es que siempre fuiste una bebé querida. Desde antes de tu concepción ya eras amada y querida de todas las formas que puedas imaginar. Cuando tu madre nos dió la noticia de que tú ya estabas habitando en su vientre, yo sólo tuve que recordar aquella bebé de piel blanca y cabello oscuro que yo había tenido en brazos en varios sueños para saber exactamente que eras tú. Y ya desde ese momento, tus padres, tus abuelos, tus tíos-los de sangre y los que no-tus primos ya te querían. Por eso mismo Mariana Isabel, por eso mismo, es que tú jamás debes de renegar del amor. El amor es lo que te hizo estar aquí, entre nosotros, y a él siempre debes volver. Todo lo que te rodea, absolutamente todo, está impregnado de ese milagro. Ama, ama y ama, y no marques nunca las cartas ni desperdicies tu amor en cosas que no valen la pena. Tu amor siempre será tu mayor riqueza.


Sobre tu familia, bueno solo puedo hablar del lado de tu madre. Tienes una familia mestiza y de mucha, pero mucha madera fina. Llevas en tus genes la mezcla y el sabor de muchas partes del mundo. Por eso es que, aunque tengas piel blanca, seguramente bailarás tan bien los tambores de la costa y no tendrás ningún problema en abrazar y querer a alguien más oscuro, mas amarillo, más cristiano, judío o musulmán, o más pobre o más rico que tú. No entenderás como pueden existir en este mundo personas que discriminen a otras por cualquier motivo, y esa será la huella indeleble que siempre llevarás en tu rostro: la huella de la tolerancia y de aceptarnos todos como seres humanos, sin importar las diferencias superficiales que se puedan tener. Tolera siempre a los demás Mariana y nunca discrimines a nadie, sé una digna representante de tu estirpe.


Sobre tus abuelos maternos, te puedo decir que siempre podrás enorgullecerte. Aunque seguramente tu madre siempre te hablará de ello, yo solo voy a recordarte que llevas la sangre de una de las mujeres mas valientes que puedas conocer en tu vida. Seguramente sabes que me refiero a tu abuela Rosa. Y también eres descendiente en línea recta del Doctor Rodríguez, al cual seguramente te cansarás de manipular tal como lo hacía tu madre. Quiere a tus abuelos Mariana, y aprovechalos todo el tiempo que puedas. Ellos son tu conexión con ese pasado sin el cual no existiría el presente. Visitalos, quiérelos, amapuchalos y consiéntelos. Te aseguro que siempre serás la mejor medicina para cualquiera de sus achaques de viejitos. Reza por ellos, y guardalos siempre en tu corazón cuando ellos ya no estén contigo físicamente.


En el colegio sé aplicada, pero jamás dejes que te impongan lo que debes pensar. Aprende a tener tus opiniones y a hacerlas valer firmemente, pero con respeto a los demás. Aprende inglés Mariana, y después aprende un par de idiomas más. Convence a tus padres para que te dejen vivir algún tiempo en el extranjero después de graduarte de bachiller y antes de entrar a la Universidad. Necesitas ver mundo para expandir tu mente y abrir tus horizontes. Practica algún deporte en equipo, te enseñará compañerismo y disciplina. Corre, corre hasta que no puedas más, vienes de una familia de deportistas así que no tienes excusas. Lee mucho, lee todo el periódico, incluso lo que no te guste.


Respeta a tus padres. Quieren lo mejor para tí y aunque a veces no lo puedas entender, siempre estarán velando por tí. Considera que eres la primera, así que mientras tú aprendes a ser hija ellos aprenden a ser padres. Ni modo, es el karma del primogénito. Sé tolerante con tu papá cuando no te deje salir con el Fulanito áquel, o le ponga mala cara a Menganito. Entiende que él siempre te verá del mismo tamañito que tienes ahora, y que, de todas todas, él solo está aplazando ese momento inevitable en el cual, vestida de blanco y camino al altar de su brazo, le estarás rompiendo el corazón en mil pedazos.


Ama a tu país y trata de serle útil a tu sociedad. Siente el latido de tu tierra Mariana. Aprende a reconocer sus olores y sabores. Visita todas sus playas y sus montañas. Ahogate con su calor y diviértete con sus contradicciones. Críticalo todo lo que quieras pero no permitas jamás que nadie lo humille y lo pisotee. Sé una mujer patriota, no una patriotera. Aprende a reconocer lo bueno de afuera pero jamás lo utilices para despreciar lo de adentro. Si algún día tienes que partir, llevate un pedazo de tierra de acá. Descubrirás que siempre será distinta, no mejor ni peor, solo distinta, porque es la tierra de donde provienes y eso nadie lo podrá cambiar. Aprende el Alma Llanera y la Canción de Venezuela. Come todos los torontos que puedas, tienen el sabor de Venezuela en su corazón. Visita Playa Medina.


Quiérete y respétate siempre. Que nadie te diga que existe algo que no puedas hacer. Aprovecha el tiempo. Aprende de tu abuelo Nelson la alegría y el buen humor de un lunes por la mañana. De tu abuela Rosa la valentía de enfrentar la vida. De tu tía Raiza el celo en defender lo suyo. De tu tía Rina la amabilidad con todo y con todos. De tu tío Nelson la alegría y el desparpajo de la vida. Sé amiga de tus primos, especialmente de tu primo Daniel, tu más contempóraneo.


Sé amiga de tu madre. Te digo por experiencia propia que no hay mejor amiga que ella. Conviertela en tu confidente en todo y para todo. No le guardes secretos. Sácale buenas notas y pon cara de dramática cuando no hayas podido estudiar bien para un examen. Abrázala siempre y nunca dejes de pedirle la bendición. Cuando te enfades con ella no le grites. Toma su mano siempre, porque llegará el momento en que seas tú la que la tenga que llevar a ella. Dale nietos, serán su consuelo cuando ya tú no puedas cumplir el rol de la niña de sus ojos, aunque siempre lo serás, sin duda.


No fumes. Bebe alcohol aunque sin exageración. Disfruta tu adolescencia, será la mejor época de tu vida. No seas materialista y nunca humilles al que tiene menos. Haz amigos en todos lados. Come lo que te dé la gana. Defiende y cuida a los más desamparados. No hables mal de las personas. Ten valores y principios, y jamás los vendas por nada del mundo. Lee Doña Bárbara, no encontrarás mejor metáfora de tu país. Visita las Pirámides de Egipto alguna vez. Nos recuerda, como pocas cosas en la vida, lo grande y lo pequeño que somos, al mismo tiempo. Sé fanática del Magallanes. Es el equipo de tu abuela, de tu madre y de tu pueblo, y ningún equipo representa tanto la venezolanidad como él, a despecho de nuestros queridos caraquistas.


Y sobre todo, mi querida sobrina-ahijada, vive, vive mucho. La vida tiene altos y bajos, tristezas y alegrías, dolor y bienestar, lluvias y días soleados, amigos y no tan amigos, bondad y maldad, pero sobre todo eso, siempre estará el amanecer de cada día enseñando, a quien quiera entenderlo, que siempre es posible un nuevo comienzo, y que nada en esta vida es para siempre, o bueno, mejor dicho, casi nada es para siempre...


Porque el amor de tus padres y de tu familia hacia tí, sobrevivirá siglos y siglos, hasta la mismísima eternidad y mucho más allá..


Dios Te Bendiga Mariana Isabel...

viernes, 3 de diciembre de 2010

PEDACITO DE AMOR

Miró por enésima vez el reloj. Todavía no era hora. El tiempo pasa muy lento cuando lo que se requiere es rapidez. Para alguien como él, acostumbrado precisamente a todo lo contrario, a no tener nunca tiempo para nada, esta sensación de esperar es realmente extraña-¿Extraño? !Extraño es ese amor tuyo pana!!- le recordaba hace un par de días su compañero de trabajo Alejandro. Y no se equivocaba.

Siguió dando vueltas por su espaciosa oficina. Echó un vistazo a la ciudad que se reflejaba por la ventana. Observó el desesperante tráfico, propio de esa hora vespertina, y casi de manera inconsciente, se alegró de no estar allí atrapado a esa hora. De todas formas, un ejecutivo como él no puede ni siquiera soñar con salir de su trabajo cuando el sol está todavía tan brillante . Ese lujo se lo pueden permitir los mortales asalariados. No él. No el flamante Gerente Corporativo de la importante compañía internacional en la cual trabaja desde que era un simple estudiante.

Recordó su época de universitario. Tantos bochinches, sueños y amores. Tantas fiestas y alegrías. Inmediatamente cayó en cuenta que en realidad, todo eso podía haber formado parte de la vida de cualquier universitario, pero no la de él. Su recorrido por la Universidad fué de todo menos una fiesta. Siempre ambicioso, siempre estudioso, el único tiempo que no dedicaba a ser el primero de la promoción lo utilizaba en áquel restaurant donde fué mesonero un par de años, hasta que logró entrar en la importante compañía internacional como archivista. Y es que, a diferencia del resto de sus adinerados compañeros, el joven estudiante tenía que cubrir por su cuenta la media beca que tan generosamente le había otorgado la Universidad. Su padre hacía años que había dejado este mundo, y su pobre madre nunca estuvo en condiciones de ayudarlo, tan ocupada que estaba con su terrible adicción al alcohol.

No obstante, nunca se lamentó de nada de esto. En lo que a él concernía, siempre estuvo muy claro en lo que deseaba en la vida. Quería tener el mejor carro, la mejor casa, las mejores mujeres y la mejor ropa, punto. Si para eso hacía falta renunciar a las fiestas, a los amores universitarios, a los amigos, a la diversión y a todas esas tonterías que nada aportaban a su meta, pues se hacía y punto. No era nada tan complicado tampoco. Más de la mitad de sus compañeros universitarios verdaderamente lo odiaban, y el resto, sencillamente ignoraban a ese joven pretencioso, que utilizaba ropa tan barata y que se sentaba siempre en primera fila, sacando eso sí, las mejores notas de todo el aula.

La vida al final le dió la razón. Número uno de su promoción, fué rápidamente bombardeado por ofertas laborales de todos lados. Por cuestión de lealtad, pero también por el extraordinario salario que le ofrecieron, decidió permanecer en la importante compañía internacional donde empezó como archivista. Doce años después, ya con varios postgrados en su haber, con una cátedra en la Universidad y con un sólido prestigio profesional, estaba en la cúspide de su carrera. Vestía los mejores trajes, conducía los mejores vehículos y su casa estaba ubicada en uno de los lugares más exclusivos de la ciudad.

Volvió a mirar el reloj. No había caso. El mirarlo cada cinco minutos definitivamente no ayudaba a que el tiempo pasara más rápido. Un poco sorprendido, comenzó a notar ese nerviosismo propio que de un tiempo para acá lo invadía cada vez que se acercaba el momento de verla. Se rió para sus adentros. Decidió matar el tiempo bebiendo un trago del caro whisky escocés que le habían regalado uno de sus numerosos clientes. Al saborear el primer sorbo, se le vino a la mente el día de su boda. La espectacular Daniela, toda deseada y admirada. Cuando la vió entrar en la iglesia, vestida de blanco, precedida por un cortejo de 20 personas, supo sin ninguna duda que estaba presenciado el mayor error de su vida.

Daniela Van Bierden, una belleza de mujer, le había sido presentada por una compañera de la oficina en uno de los sitios de moda de la ciudad. Debió adivinar lo que se le venía cuando el primer comentario que le soltó, recién presentados apenas, era áquel que hacía referencia a lo decadente que se estaba convirtiendo ese lugar por el número cada vez mayor de "marginales" en el mismo. Pero el orgullo masculino, la vanidad de tener a ese portento de mujer al lado de él, le hizo olvidar rápidamente ese detalle, así como olvidar también el hecho de que la segunda pregunta que le hizo, después de conocerlo, fue preguntarle sin tapujos el monto mensual de su remuneración.

La farsa de matrimonio duró solo cuatro años. Después de ese período de tiempo, en el cual cada uno buscaba como hacerle la vida más imposible al otro, llegaron a la conclusión, de forma muy madura, de que al paso que iban terminarían uno en la cárcel y otro en el cementerio. Decidieron separarse y, claro, dividir todo aquello material que pudiera dividirse. Al final, y después de engordar las cuentas de varios bufetes de abogados, cada uno recuperó su libertad. Daniela se fue del país con el mismo novio que mantuvo durante todo el matrimonio, y él volvió a su antiguo penthouse, del cual, haciendo prudente caso de los consejos de sus abogados, nunca había prescindido.

Por fin el reloj parecía avanzar. Apuró el último trago de su segundo vaso de whisky y se dirigió al escritorio. Agarró su chaqueta de fina tela italiana y salió disparado hacia el pasillo de salida. Se despidió rápidamente de sus dos secretarias y les deseó feliz fin de semana mientras desaparecía detrás de las puertas del ascensor. Una vez en el vehículo, colocó su música favorita, se arregló un poco el cabello en el retrovisor y emprendió la marcha. Ya dentro de poco la tendría entre sus brazos.

Mientras el vehículo enfilaba en alta velocidad las avenidas de la ciudad, el corazón comenzaba a latir más fuerte. Las manos sudaban un poco frío. Recordó la primera vez que la vió. Allí conoció el amor a primera vista. Hasta ese momento, nunca creyó que tal cosa fuera posible. Ni siquiera sabía que era eso de amor. Su madre siempre fue una alcohólica, nunca pudo darle otra cosa que una leve sonrisa cuando no estaba ebria. Su padre solo le recordaba lo importante que era que sacara buenas notas en el colegio, eso sí, con una correa en las manos. Las mujeres que conoció anteriormente solo querían su dinero y él lo intercambiaba gustoso sólo por sexo. No tenía amigos, nunca le hizo falta uno.

Pero Andrea era diferente. Apenas la vió, supo que estaba irremediablemente perdido. Cuando le tocó la mano por primera vez, el corazón le latió tan fuerte que realmente le costó mantener la compostura que un gerente corporativo como él debe tener. No fué fácil conquistarla. De hecho, no estaba acostumbrado a ir detrás de ninguna mujer, pero con ésta tuvo que aplicar todo el manual de convencimiento para que ella apenas le dirigiera una sonrisa. Pero poco a poco se la fué ganando, hasta llegar a ese punto donde ambos se dan cuenta, de que uno no puede vivir sin el otro.

Comenzó entonces a imaginarse lo que haría con ella ese fin de semana. La llenaría de besos, de amor y de cariño. Ya había hecho reservaciones en un lugar especial que ella se moría por conocer. La contemplaría durmiendo a la luz de las velas, una de sus imágenes favoritas. La llevaría a comer a los mejores restaurantes. Le bajaría la luna si se lo pidiera.

Al lado de tanta felicidad, lo invadió también, el recurrente miedo de perderla algún día. De que ese amor se acabe. Porque en la vida, y él lo sabía muy bien, nada es para siempre. Sin embargo, siempre había escuchado que el amor verdadero todo lo puede, y en los ojos de Andrea, él veía, sin ninguna duda, amor sincero. Eso que nunca vió en los ojos de su madre, de Daniela o de ninguna otra mujer.

Aparcó el vehículo en el estacionamiento. Bajó a toda prisa y tocó la puerta de la lujosa casa. Una cara conocida le abre y saluda con un poco de desdén mientras le indica que ya Andrea baja. A los pocos minutos se escucha el taconeo de las escaleras, y él vuelve a sentir otra vez el corazón latiendo fuerte, las manos sudorosas y la boca reseca, pero ya no hay tiempo de nada. Una pequeña lágrima se escapa de sus ojos cuando los brazos de ella amarran su cuello y sus labios lo besan una y otra vez, al tiempo que pronuncia las palabras más hermosas que los oídos del exitoso gerente corporativo han escuchado en su vida:

-!Bendición papá!!!....