domingo, 14 de octubre de 2012

CUMPLEAÑOS DE MI LITTLE SISTER

Comienzo con la misma queja que le hice a "Tobita": esta vaina de tener hermanos cumpliendo en fechas sucesivas es un peo, a ver si para la próxima tomamos algunas medidas referente a eso. Hubiera sido mejor que ambos cumplieran el mismo día, ah pero no. Tú siempre con tus brillantes ideas.

Por donde comenzar contigo? a ver. Creo que habrá que remitirnos a la leyenda familiar (creada por tí claro) de que en realidad estábamos destinados a ser morochos, pero que en un ataque de desesperación mía mientras tú negociabas la adecuada repartición de inteligencia para ambos con el Jefe hizo que yo me lanzara unos 15 meses antes a este peo que llamamos vida. Esa no es exactamente una versión que me favorece pero bueno, creo que es el punto de partida para comenzar a escribir algo sobre "mi morocha".

La historia que continúa tampoco me deja bien parado. Ahora resulta que yo le decía a Doña Rosa que te regalara o te tirara por el bajante. Bueno tienes que comprender que el "privilegio" de ser el bebé de la casa solo me duró 15 meses, así que si semejante calumnia fuera cierta, es algo que ciertamente es comprensible, me parece. (Viste como me cubro?). Igualmente, menos mal que la vieja no me hizo caso. 

Pero sea como sea la versión original, el hecho es que hoy andas de cumple, así que considero pertinente y necesario dedicarle unas palabras a la que sin duda, ha sido mi fan número 1 durante toda mi vida. Y es que difícilmente yo conozca a alguien que crea tanto en mí como esa hermanita menor que el destino se encargó de atravesarla en mi vida cuando yo más cómodo estaba en mi cuna y en mi trono de "hijo menor".

No terminaría nunca si trato de recordar todas las cosas que hemos vivido, disfrutado y sufrido juntos. Así que demos un breve paseo: fuiste mi compañera de juegos. Jugabas conmigo carritos y yo jugaba contigo barbie. Veíamos las mismas comiquitas, comíamos los mismos dulces. Jugabas conmigo al fútbol casero y siempre le ibas al equipo que yo le iba. Es que así somos los morochos, patria o muerte, en lo que sea y contra quien sea. Corríamos bicicleta juntos y casi nos matamos una vez en el estacionamiento del edificio. Eras lloroncita hasta más no poder, eso también lo recuerdo. 

 Desde pequeña odiabas ir al colegio. Recuerdo clarito cuando te me acercaste después de un recreo en el kinder para "planear" nuestra fuga del colegio. Ironías de la vida, ahora eres una excelente profesional vinculada al mundo de la educación. La vida es una vaina seria. Y ni hablar de tus "dolores de estómago" los domingos por las noches. La palabra "Atroveran" me remite a tí casi igual que la palabra "hermanita". 

Nuestra infancia fue alegre sin duda. Tuvimos la bendición de crecer en un hogar con muchos hermanos y mucho ruido. Eramos la familia telerín. Podíamos pasar tiempo con los otros hermanos (los "grandes") pero al final siempre eramos tú y yo, para arriba y para abajo. Ya desde entonces comenzamos a desarrollar esa complicidad y conexión que sigue viva hasta el día de hoy.

Sé que de pequeña no te hice la vida fácil. Yo era el más gallo de la clase en Primaria y siempre los maestros esperaban que tú resultaras igual. Pero todo tiene su compensación, porque en Bachillerato ambos fuimos un desastre hasta que nos compusimos, y creo que nos divertimos en el camino. Y claro, tampoco te la puse fácil en la adolescencia. Pero es que te pusiste muy bonita de repente y los panas se pusieron fastidiosos. Es que nosotros los hombres somos una vaina seria, sobre todo a esa edad. De verdad te digo que si pudiera retroceder el tiempo volvería a esa época solo para darme la coñaza del año. Pero bueno, si de algo sirve, todas las estupideces que hice en esa época lo hacía para "proteger a mi hermanita". En fin, adolescente no es gente, tú lo sabes mejor que nadie.

Pero es que siempre te he visto así, como "mi hermanita", aunque me lleves una morena en cualquier aspecto de la vida claro está. Siempre fuiste mas inteligente y más echada "pa alante" que yo, pero sobre todo, más simpática con la gente y por eso es que, al igual que Nelson, estás llena de amigos y gente que te aprecia por montones. Siempre estás allí dispuesta a ayudar a las personas y nunca te ví más hermosa (salvo el día de tu boda) que cuando dabas clases en la escuelita aquella de Mariperez. Ni te imaginas lo orgulloso que estaba de tí. Bueno, siempre lo he estado, pero en esa época era algo novedoso.

Extraño a rabiar aquellas noches en la casa cuando nos quedabamos solucionando el problema de la vida. Nos fumabamos unos cigarros y si había algo de alcohol también lo invitabamos. Recuerdas que en una de ésas escuchamos los cañones del golpe del 4 de febrero?? Esos debates eran dignos de guardarlos en acta.Ya desde entonces mostrabas esa inteligencia mezclada con pasión que siempre te ha caracterizado. Siempre me escuchas, pero dejas en claro tu punto de vista y si crees en él lo defiendes a muerte. Y así lo has demostrado a través de toda tu existencia. No podía ser de otra forma claro está. Lo llevamos en los genes.

 La vida ha dado muchas vueltas desde entonces. Hoy eres una mujer casada y madre de la sobrina mas hermosa (junto a Oriana) que cualquier tío pueda anhelar. Veo a Mariana y a veces me cuesta creer lo rápido que pasa la vida. Y me recuerdo también lo orgulloso que estuve de tí con tu barriga y cuando diste a luz como toda una "macha". Como ves, el orgullo es algo que puede definir claramente lo que se siente por  tí desde este lado de la vida.

Pero al lado del eterno orgullo que me da decir que eres mi hermana, también debo sumarle el agradecimiento por tantas cosas que me has dado. Tu confianza la principal. Sé que aunque sepas que soy un desastre en muchas cosas siempre vas a confiar en mí y eso es algo que nunca dejaré de agradecerte. Gracias igual por tu cariño y por tu comprensión siempre. Y por tantas tardes de juego y tantos silencios complices. Gracias por ser mi hermanita del alma y mi morocha eterna. 

Así que bueno, hoy apagas otra velita más. No estaré allí en presencia física pero sabes que eso no importa porque mi corazón y alma siempre están contigo.  Sé que pronto nos veremos y seguramente volveremos a hablar de esto y aquello. Y mientras cumples tu rol de madre y esposa solo como tú sabes hacerlo, sé que siempre mantendrás un pequeño espacio en tu corazón para ese desastre de morocho que la vida te deparó y que hoy, a su modo, quiere desearte el mejor de los cumpleaños.  

Feliz Cumpleaños Little Sister....




CUMPLEAÑOS DE "EL NEGRO"

Antes que nada dejame decirte que esto de tener dos hermanos cumpliendo años en dias consecutivos es un soberano peo desde todo punto de vista. Pasando desde los regalos hasta el hecho de querer escribirles algo, lo cual me hace tener que dividir el tiempo entre ambos. En fin, igual, tú y yo no nos vamos a poner con mariqueras, porque para algo somos los hombrecitos de este peo.

Así que nada de frases bonitas, rebuscadas o similares, cosas que nada tienen que ver con lo que siempre ha sido nuestra relación durante todo este tiempo que llevamos compartiendo el honorable adjetivo de "hermano". Y mira que ya llevamos una catajarra de años haciendolo. Demasiado tiempo diría yo, y claro, cuantas historias y anécdotas no vienen a la cabeza.

A ver, por ejemplo, el incidente "Tobita" es algo inevitable en cuanto recuerdo se tenga de nuestra infancia. Rosnel y yo, pero sobre todo nuestras nalgas no olvidarán jamás los correazos de Doña Rosa porque el grandulón de nuestro hermano mayor se sintio "ofendido" por una inocente broma. Y que decir de cuando llegaste con el corte de pelo aquel donde hasta pollina tenías de lo "liso" que te lo había dejado no sé que fulano peluquero. Todavía puedes escuchar mis carcajadas no?. Que vaina tan buena!!!...

Pero claro, seguramente yo tengo algunas mas cosas que recordar que lo que pueden decir nuestro trío de hermanas. Es que eso de compartir la misma habitación durante casi 20 años y ser los únicos varones en una casa donde las féminas eran mayoría hace nacer en uno una especie de "complicidad" con el compañero  de litera que nunca podrá ser entendida ni por Raiza, Rina o Rosnel. Es cuestión de hombres pues. 

Y aquí no hay mayor novedad: en mi infancia yo era el típico hermano menor que siempre veía a su hermano mayor como el "superhermano". Y por lo menos en mi caso, esa percepción no se alejaba mucho de la realidad. A ver, veamos: mi hermano mayor era el cuarto bate del equipo de beisbol del Colegio. Mi hermano mayor era el campeón de karate en los torneos a los que iba. Mi hermano mayor era al que todos los alumnos del colegio le tenían miedo. Bastaba decir que yo era el hermano de "El Negro" para que absolutamente nadie se metiera conmigo.  Directa o indirectamente, me frustraste en gran medida esa vaina innata en todo hombrecito de darse de vez en cuando unos coñazos con alguien. Yo creo que me habré peleado en mi infancia máximo tres veces, y en todas al día siguiente lo único que recordaba era al pobre infeliz que el día anterior me había dado hasta con el tobo suplicandome que por favor "no se lo dijera a mi hermano".En fin, la cuestión del "superhermano" no se alejaba mucho de la realidad, por lo menos para el inocente niño que era yo. 

En la adolescencia el mito de "El Negro" tomó otros cauces. Si en la infancia la admiración de tu miedoso y sobreprotegido hermano tenía como punto central tu innata capacidad de ser el mejor en los deportes y de repartir carajazos al resto del mundo, en la pubertad el centro de esa misma admiración se extendió a las innumerables carajitas con las que te veía pasar tomado de la mano. Yo no entendía nada y mis amigos mucho menos. Allí fue donde aprendí que no siempre el catirito de ojos azules es el que se lleva a las mujeres hermosas. Y a mí se me hinchaba el pecho de adolescente orgullo cuando pasaban esos mujerones contigo, sobre todo porque a mí casi ni me miraron las mujeres sino como hasta los 15 años mas o menos, y tampoco era que se me tiraban encima. Pero en fin, de nuevo alli estaba tu flacuchento hermano menor, viendote como el superhermano y tratando de imitarte en secreto. No resultó por supuesto, pero eso lo aprendí mucho después. 

Lo mejor de toda esa época era que, como tú eras tan desastroso, mis travesuras pasaban por debajo de la mesa. Así, pude yo cansarme de jubilarme de clases, irme a beber con los panas, llegar rascao a las 3 de la mañana, pintar paredes por toda Caracas, fumar como un degenerado, repetir un año en bachillerato y aún así, nunca sentí el ojo castigador de los viejos. Hasta en eso fuiste siempre fuiste mejor que yo.

Y en toda esa etapa que vivimos juntos en la misma casa, cuantas cosas no se recuerdan. Recuerdo las peleas que nos tirabamos con los guantes aquellos de boxeo. En el fondo sé que te llenabas de paciencia y nunca me golpeaste realmente duro, y que en realidad nunca te causó ni risa alguno de mis golpes, pero para mí esas "peleas" fueron las mejores clases para aprender a defenderme, tirar un buen par de golpes y no bajarle la cabeza a nadie. Siempre he sido un poco alzado, y creo que parte de esa alzadera te la debo a tí. Recuerdo también la primera vez que te ví con un zarcillo en la oreja y que el primer cigarrillo que fumé en mi vida te lo agarré de tu gaveta. Recuerdo que eras el número 65 (o 67?) en tu equipo de beisbol y pienso que fue ayer cuando ganaste el torneo áquel de karate en el Parque Miranda y subiste a darle el trofeo a papá, al cual no le cabía el pecho de orgullo. Te recuerdo de traje militar en aquel liceo donde trataron inultimente de darte disciplina. Recuerdo casi todas las peleas gafas que tuvimos y como no, recuerdo cuando me hiciste llorar en aquel Mundial donde Brasil le ganó a Argentina 3-1. Fue en España 82. Mancha negra en mi historial personal.

Luego de esa etapa viviendo juntos en la misma casa, la vida se encargó, como siempre, de despacharnos a sitios distintos. Te casaste y fuiste padre muy joven. De hecho por tí todos pasamos en la familia a ser abuelos y tíos por primera vez, bendición que nos repetiste 10 años después. Sé que podrás tener muchos defectos, pero también sé que adoras a tus hijos (MIS sobrinos) y que te esfuerzas en tu rol de padre. Solo te pido que nunca desfallezcas en eso, porque los tiempos de hoy son muy diferentes a aquellos donde nosotros pudimos crecer. 

Que más puedo decir de tí? caraquista, ni modo. Siempre jodedor y chalequeador. Nunca desprecias una buena joda y hablador hasta más no poder. Tu lado oscuro puede ser a veces demasiado radical pero sé que con los años lo has tratado de atenuar. Te invito a que lo sigas haciendo, porque al final, siempre es mejor un mal arreglo que un buen pleito. Creo que sabes a que me refiero. 

Y bueno bicho, no me voy a extender más en esto porque en realidad, cuando lo que llama es la sangre y las emociones, las palabras están de más, y además aquí somos dos hombrecitos. Quiero desearte un feliz cumpleaños y decirte que siempre estaré agradecido a la vida por el hermano mayor que me puso en el camino. Que aunque las mariqueras de la vida moderna hacen que pasemos mucho tiempo alejado, el cariño y la admiración de aquel hermanito menor se mantienen intacto y creciendo aún más. Sigue dandole coñazos a la vida como tú sabes hacerlo, y sigue parandote cuando ella sea la que te golpee más duro. Sabes que cuentas conmigo para lo que sea, aunque eso está de más decirlo. 

Feliz Cumpleaños para "El Negro"....




domingo, 15 de julio de 2012

Son 37...

37 es un número como que grande, sobre todo cuando ese número es indicativo de la edad a que se llega. Basta pensar que solo faltan 3 años más y ya se está en el llamado "cuarto piso". En fin, que no nos estamos poniendo más jóvenes, tal como nos lo recuerda de manera reiterada el cuerpo cada vez que salimos de una "caimana" de fútbol, sino todo lo contrario.

Y a esa edad hemos llegado en el día de hoy. Así que creo pertinente dedicarnos unas cuantas palabras en este aniversario, cosa que puede parecer algo narcisista al resto del mundo pero que coño, alguien debe hacerlo, y quien mejor para hacerlo que quien te escribe. ¿Es que alguien te conoce mejor? Bueno, tal vez apartando a Doña Rosa, creo que conocemos la respuesta a esa pregunta.

¿Que podemos decir de tí? Podemos comenzar por lo evidente: eres un tipo de lo más normal y corriente. Excesivamente corriente para mi gusto, pero bueno, nada se puede hacer con esto. Te gustan las cosas muy simples, desde la comida hasta la gente. Nunca estás tan cómodo cómo cuando te calzas unos deportivos y sales a trotar al lugar más corriente de la ciudad para hacerlo,como seguramente lo estás haciendo en este momento. Mientras otros llevan sofisticados aparatos de música y complicados relojes que miden hasta los gases que puedes emitir en plena carrera, tú te las arreglas con el cálculo de tu mente y con el aparatico ese del MP3 que compraste en la pequeña tienda cerca de la oficina. Total, "la música se escucha igual", es tu respuesta cuando te pregunto si no te da pena sacar ese instrumento tan poco acorde con la tecnología de hoy. Y mejor no hablemos de tu teléfono celular. Admito que desde que fuiste víctima del hampa de esta ciudad ya no te provocó tener uno de esos "smartphones" que ahora hasta las criaturas del kinder tienen, pero sé que el fondo también gozas una bola con la cara de desconcierto y sorpresa que la gente te pone cuando sacas tu flamante Samsung "tapa amarilla", con sistema prepago además. Sabemos que encuentras un placer especial en eso de desconcertar a las personas e ir de vez en cuando contra el status quo, pero ya veremos cuanto te dura el "aislamiento tecnológico".   

También te gusta sobremanera la lectura. En el fondo eres un escritor frustrado. Te comías los libros de la biblioteca de tu casa y los leías y releías. A tus 9 años eras capaz de nombrar todas las capitales del mundo de memoria (facultad que has perdido con los años), conocías de cabo a rabo la II Guerra Mundial y a los 12 ya habías leído El Padrino y Doña Bárbara. Eras una ladilla con la bendita lectura. De hecho todavía lo eres. Siempre me has explicado que encuentras mucha paz en cualquier lectura y que ojalá algún día pudieras escribir por lo menos alguna cosa que pueda merecer ser llamado "libro", aunque todavía no tengas la más mínima idea de sobre qué quieres escribir. Mientras tanto, sigues buscando un poco de paz en cuanto libro te cae en las manos. 

Con lo que nunca congeniaste fue con los números. Nunca se llevaron bien, a pesar de que siempre te dije que te haría falta de adulto. No hubo manera y no es de extrañar que el año que repetiste en Bachillerato haya sido por culpa de raspar matemáticas, EN ARRASTRE!!!...En fin, que no todos están para hacer polinomios, pero tú te pasaste. Así como no tiene perdón de Dios el pasar de ser uno de los mejores estudiantes del salón a ser de los peores azotes del colegio. Y es que llegó el punto de que ni siquiera te querían en los retiros espirituales del pontificio, católico y apostólico Colegio San Agustín (de El Marqués, como te gusta aclarar siempre). Te dije que esa "pandillita" de tercer año no podía traer nada bueno. Ah, pero tú te volviste loco con las niñas, las fiestas, los graffitis en la pared, el rock y los marlboros rojos. "Época de necesaria rebeldía" me insististe una y otra vez. En fin, menos mal que "la rebeldía" no pasó de allí. 

Eres algo competitivo,como no, y a veces mal perdedor. Eso es algo que tienes que admitir. El espíritu competitivo evidentemente te viene de familia, llena de deportistas, aunque te hayas empeñado en afirmar durante mucho tiempo que el beisbol no es deporte, y mucho menos el softball. Creciste viendo juegos de pelota de tu viejo y de tu hermano mayor. Pero cuando te llegó el momento a tí de blandir el guante, tradición ineludible y casi sacro santa de la familia, inmediatamente te diste cuenta que eso no era lo tuyo. Eso lo sabíamos: eras tan malo para el beisbol como lo eres para el baile. No duraste ni 20 minutos en el campo de prácticas del colegio. Es más, si me apuras, creo que ni siquiera entraste. Donde si no dudaste ni un segundo, fue al momento de chutar un balón de fútbol. Allí si estabas en lo tuyo. Como siempre tú, llevando la contraria, así fuera de manera involuntaria. Dos generaciones completas llenas de beisbolistas, que incluyeron un fundador de la Liga Criollitos, un estadio con el nombre de tu abuelo y hasta un seleccionado nacional, fueron tiradas por la borda cuando decidiste calzarte los pantalones cortos de ese deporte tan ajeno a la tradición familiar y que en esa época, solo jugaban los hijos de inmigrantes. 

Y como disfrutabas del fútbol. Bueno, todavía lo haces, pero nada se compara a aquellos días cuando preparabas tu uniforme azul el viernes por la noche para esperar ansioso que llegara el día sábado. Te parabas más temprano que nadie, y ya andabas disfrazado con el uniforme para cuando tu viejo se levantaba. Y dicha costumbre no se te quitó ni siquiera en la adolescencia. Confieso que me gustaba ver tu cara de entonces. Si de verdad existe un Cielo, y si es que llegas claro, seguramente tu cara de todos los días se asemejará bastante a la que ponías cada sábado de juego. Muy parecida por cierto a la que pones cualquier tarde de domingo cuando vas a ver al Caracas FC, y definitivamente la misma que se dibuja en tu rostro cuando cae el sol en Playa Medina. 

Con la cara que nunca pudiste fue con la de sincera arrechera cuando algo no te parece. Grave defecto que me consta, has tratado de paliar. Pero tienes que reconocer que cuando crees que tienes la razón, ni que el mismo Papa venga a decirte que eso no es así. En el fondo sufres de algo de intolerancia, aunque no sea extrema por supuesto. Eso es algo que has venido paliando con los años, y que evidentemente debes seguir mejorando. Recuerda que no existe la verdad absoluta para nada, salvo cuando afirmas que difícilmente conozcas a alguien con más miopía que tú y tus 9,00 puntos de corrección, herencia perdurable de los genes de tu querido viejo.

Lo que si es absoluto en tí es el amor a tu familia y a tus amigos. Me consta, aunque no seas de lo que demuestran mucho las vainas. Cosa curiosa, pero parece que el amor por la familia, si es que cabe el término, con el tiempo va creciendo más, por lo menos en tu caso. Aunque ya no vivan todos juntos en la misma casa de locos donde crecieron, y aunque cada vez son más frecuentes los espacios de tiempo sin verse, el sentimiento que siempre ha existido continúa en una curiosa línea ascendente. En fin, nadie los eligió, pero tú eres de los que puede dar gracias por la familia que te tocó. Ni hablar de los sobrinos. Ellos son la clase VIP en el corazón, todos y cada uno de ellos.  

Lo que si elegiste siempre fueron los amigos. Nunca fuiste de esos que tenían 40 amigos divididos en 20 grupos. Para nada. Asocial te podrían decir algunos. Muy selectivo agregaría yo, como lo eres con todo en la vida. En tí aplica perfectamente eso de "y todavía me sobran dedos" cuando de llevar la contabilidad de verdaderos amigos se refiere. Ellos saben quienes son y no hay necesidad de mencionarlos acá. Baste decir que serán los primeros en llegar en cualquier circunstancia y que siempre puedes contar con ellos. Tú sabes eso, porque seguramente es lo mismo que piensan ellos de tí, aunque no lo mencionen nunca claro. Eres leal al extremo con quienes consideras tus amigos, y los defiendes con esa misma intensidad que muchas veces ellos mismos te señalan como defecto en tu persona. Paradoja irreconciliable de tu personalidad; tú puedes decirles en su cara lo que quieras pero no aceptas que nadie hable mal de ellos. En fin, solo es la extensión hacia tus seres queridos de tu postura de "cuchillo entre los dientes" con que defiendes tus convicciones. Esperemos que en el fondo ellos entiendan eso, así como entiendan que no es que eres tan amargado como muchos dicen, solo deberían comprender que no te ríes con todo el mundo. 

 Amante de la cerveza, como no. Nada como beber con los amigos y hablar todas las pendejadas habidas y por haber. Desprecias al extremo a la gente clasista y racista, y a cada "chiste" o comentario con esas connotaciones respondes mentalmente de una manera nada tolerante. Extrañas a rabiar las tardes de Mazinger Z   así como extrañas a tu "morocha" Rosnel y sus largas conversaciones hasta altas horas de la madrugada, resolviendo el misterio de la vida. No te da la gana de manejar y por lo tanto de tener un vehículo en la caótica Caracas, con todo el estigma social que dicha decisión puede acarrear. Por suerte para tí, tampoco es que nades en un mar de dinero para aspirar a comprarte uno. Siempre tendrás la excusa: "es que justo ahora no tengo dinero suficiente para comprarmelo y Fundapapá cerró el negocio hace años". Eres ajeno a los lujos y tratas inconscientemente de evitarlos. Prefieres un lugar sencillo con buena compañía al mejor sitio nocturno de Caracas. Tampoco eres de los que se forran de marcas prestigiosas de arriba a abajo, como si el ser persona dependiera de lo que llevas puesto. Aunque debes reconocer que tienes cierta debilidad por la marca del caimancito y por la ropa deportiva, atenuada últimamente en gran medida por la posibilidad cierta de que las prendas utilizadas para tu bienestar físico puedan haber sido confeccionadas por niños de la edad de tus sobrinos en algún lugar perdido de Asia. Diatriba de conciencia que tarde o temprano deberás resolver, así como también tu intención de correr algún día un maratón.

Tampoco te da la gana de ser un partidario del matrimonio, que no de la fidelidad y de la monogamia claro. Criticas sobremanera el formalismo muchas veces llevado al extremo de la pompa de un acto que debiera ser lo más íntimo posible. Pero claro, nunca te has llevado bien con las formas y el protocolo. Me conozco al dedillo tu frase "Si es verdadero amor, tendrán la bendición de Dios, así se arrejunten en un conuco. Si no es amor, ni que se casen en la Catedral de San Pedro". Siempre aplicando al extremo tu "lógica agustina" de que la fuente de la verdad debe buscarse en el espíritu del hombre. En fin, seguramente terminarás arrejuntado con alguien que consigas a los 40 años o casándote en cualquier islita del Caribe en una austera recepción para dos. Porque lo que sí reconoce incluso un constante amigo de la soledad como tú, es que eso de envejecer solo es algo que debe evitarse a toda costa. Allí estamos de acuerdo.    

Ríes a rabiar con el Chavo del 8, así como con Los Simpsons (los viejos capítulos) y últimamente con The Big Bang Theory. Solo escuchas música de tu época y tienes en tu aparato de música desde Metallica hasta Rubén Blades. Te gusta ver y escuchar por lo general lo que no escucha ni ve la gran mayoría, y estamos de acuerdo en que la mejor canción del mundo es "Oleo de Mujer con Sombrero" y la mejor película "Chariots of Fire".  Tienes una idea romántica y algo primitiva del amor, lo que puede explicar tu estado civil actual. Te habrás enamorado de verdad un par de veces si acaso, aunque jamás lo hayas confesado, con todo el dolor y el gusto que eso trae aparejado. Ignoramos si volverás a enamorarte de nuevo. Difícilmente te atraiga una mujer rubia eso sí. Como te encanta llevar la contraria en todo, no podía quedar exento el absurdo patrón de belleza occidental. Mujer de cabello oscuro es lo que manda. También te hubiera gustado, de ser papá, tener una niña y llamarla Aytana.  

No te gustan los políticos, sean de la tolda que sean, y siempre serás un "antigobierno" y eterno opositor. Odias con sincero fervor a las armas y no le encuentras sentido a mantener un ejército. Tienes demasiado arraigado el sentido de pertenencia y por lo tanto amas pero mal a la tierra que te vio nacer y no eres nada tolerante con cualquier gesto que suponga un menosprecio a tu país, venga de donde venga. Te he dicho varias veces que debes atenuar un poco tus juicios de valor pero no puedo esperar mucho de alguien que se dormía de bebé con el himno nacional y que se ha dado a la tarea de aprenderse no menos de 15 himnos nacionales de los países "más populares" del mundo solo para poder afirmar con absoluta certeza que no hay himno mas hermoso que el Gloria al Bravo Pueblo. Sí, sabemos que iremos a Brasil 2014 y que seguramente soltarás un par de lágrimas cuando suene nuestro himno en el estadio. Ahorra es lo que tienes que hacer!!!... 

Conozco también tu eterna creencia de que de alguna forma naciste en el lugar equivocado. Me sé al dedillo tus pensamientos de cada mañana en ruta al trabajo: "no soy persona de ciudad". No aguantas el tráfico, el cojeculo de gente, el ruido de las cornetas, el humo, la cara de culo de las personas, en fin. Sé que haces planes ocultos para vivir en algún momento en algún paraje cerca del agua, tu eterno elemento, como dirían los astrólogos al revisar tu signo zodiacal, aunque no creas mucho en la astrología claro. Recuerdo el pueblito a 10 minutos de Playa Medina con una canchita de fútbol de tierra. Déjame decirte de una vez que no me convenció del todo la sonrisa que se dibujó en tu rostro mientras pensabas no sé que coño. Además, ¿como podrías vivir sin el Caracas FC?

Tienes una obsesión por el servicio público, lo cual te ha garantizado por una parte mucho trabajo y por el otro, poco salario; ecuación no muy atractiva pero que de vez en cuando encuentra consuelo en la sonrisa agradecida de cualquier ciudadano de a pie al que pudimos solucionarle algún problema. Políticamente hablando, parece que te ubicas un poco más del centro a la izquierda que a la derecha, sin que eso suponga claro que simpatices en lo más mínimo con los gobernantes de turno. No sé si es por tu irresistible tendencia a llevar la contraria o a generar desconcierto por gusto, pero me he dado cuenta que tienes conocidos en ambas tendencias políticas que escuchándote, juran que perteneces a la ideología contraria. En fin, que no siempre puedes complacer a todos. Eres Católico, tanto por bautizo como por creencias, aunque estés quizás a punto de excomunión por tu empeño en no encontrarle sentido al dogma del purgatorio,(entre algunos otros) pero creyente con absoluta firmeza que Jesús fue Dios hecho hombre y que la Santísima Virgen fue inmaculada desde el mismo momento de su concepción. Mantienes siempre presente al Chivúo de allá arriba en tu día a día, incluso cuando tu fe se viene abajo. Me agrada como das las gracias hasta por el agua de la ducha. Siempre te he dicho que en la vida se debe ser agradecido, sobre todo por las cosas mas sencillas.  

Y es que por eso, por las cosas sencillas que hemos compartido en estos 37 años, que yo también vengo a darte gracias hoy. Estamos claros que no fuimos el futbolista famoso que algún día pensamos que seríamos. Tampoco el brillante e incorruptible juez que alguna vez cruzó por nuestra mente en la facultad de Derecho. Mucho menos, por ahora claro, el famoso escritor aspirante a un Premio Nobel.  Bueno, son pequeñeces, no nos vamos a arrechar por eso. No obstante, creo que hemos sobrellevado de manera aceptable hasta ahora (y de hecho nos hemos divertido algo en el trayecto) todo este peo que nos empeñamos en denominar vida. Para unos, seguramente estamos quedados en el aparato. Otros nos verán con cara de que avanzamos muy lento. Otros más dirán que estamos locos pal coño y muchos afirmarán que somos un caso perdido. En fin, que todas las opiniones son válidas desde cierto punto y se respetan, como no. 


Yo también tengo mi opinión personal, pero estoy seguro de conocer tu respuesta: "es mi vida". Y porque es tu vida, es que me trago cualquier cosa que tenga que decirte. Porque te conozco, y sé que en realidad, aunque seguramente me escuches,  la única opinión que al final te importa es la que tú tengas que decir. Eres "el que apaga la luz" en tu pequeña parcela, como dice la estrofa de una vieja canción de Charly García (tú y tu música de antaño). Lo sé, me lo has repetido un millón de veces: "el único respeto que importa al final del día es el respeto propio". Y en ese renglón, sé que no tienes ningún tipo de problemas, por lo menos por ahora.

 Creo que no me queda más que decirte por ahora en éste, tu cumpleaños 37. No sé si escribiré en tus 38. Tal vez para entonces tenga que reacomodar algunas cosas que hoy están y que mañana puede ser que no. Quien sabe. Lo cierto de todo es que apagas una velita más en la torta y eso es algo que merece celebrarse, así sea como a tí te gusta:  con bajo perfil y sin formalismos ni protocolos. Seguramente te reunirás con tu familia y ya. Agradecerás de corazón las felicitaciones de los amigos y los no tan amigos y si tienes suerte, quizás hasta un regalo recibas.¿Por que no?

Pero por los momentos, aquí tienes mi regalo para tí, simple, como te gustan las vainas. Sé que todavía quedan muchas cosas por decir y muchas más por hacer. Muchas caídas que afrontar y algunos triunfos que celebrar; innumerables defectos con los cuales convivir y una que otra virtud que compartir. Pero por hoy, dejemos el diario trajinar a un lado y disfrutemos de este día, porque aunque sea un lugar común, solo se cumplen 37 una vez en la vida.

Feliz Cumpleaños...



   

viernes, 13 de julio de 2012

miércoles, 20 de junio de 2012

CIRCULO CENTRAL


Si alguna vez se hiciera una encuesta imaginaria a los millones de fieles de esa religión universal conocida en nuestro castellano idioma como fútbol, y se les preguntara cual de las zonas de ese sagrado templo que es el rectángulo de juego es la más importante, seguramente casi nadie señalaría al circulo central del verde césped como su respuesta primera.

Sería una apuesta casi segura el afirmar que la inmensa mayoría de la feligresía futbolística señalaría el pequeño espacio que descansa al fondo de las redes como el sitio de más trascendencia dentro de la cancha. Y es que es allí, y con toda razón, que se decide en último término, el destino de cualquier partido. 

Bajo esta premisa, la zona del círculo central es de las menos relevantes en ese universo paralelo que se constituye a lo largo de noventa minutos y un poco más, cuando el caso lo amerita. Dicho en otra forma, es una de las zonas más inútiles del campo de juego, que solo sirve en todo caso para señalar el inicio del mismo, así como para reponer el trámite del partido cuando se ha hecho presente, con toda la furia de que es capaz, el esperado dios gol.

No obstante, yo no podría estar más en desacuerdo con dicha percepción.  Y no solo por la notoria circunstancia de que ese inmenso círculo central no haya sido puesto allí de adorno por nuestros queridos amigos ingleses allá por el año 1863, cuando se decidió uniformar en un solo reglamento las diversas modalidades de aquellos juegos con pelota que sus escuelas privadas venían jugando desde hacía ya algún tiempo. 

Y es que, en efecto, y desde el punto de vista estrictamente reglamentario, el círculo central marca la distancia que debe tener siempre un jugador en relación a la pelota cada vez que se proceda a iniciar o a reiniciar el partido. La sagrada distancia de 9,15 metros que debe separar a cualquier rival del no menos sagrado balón cuando se proceda a cobrar una falta o un tiro de esquina, viene reflejada de manera perfecta en la distancia que corre desde el punto central que protege el sagrado círculo hasta el exterior de su perímetro. Ya por allí viene el primer y principal aporte del círculo central al desarrollo del partido.

Otro aspecto reglamentario en el cual cobra plena importancia ese círculo central, viene dado por el hecho de que cuando se acude a definir un juego por la vía de los lanzamientos de pena máxima, los jugadores encargados de tal difícil misión, deben estar colocados de manera obligatoria dentro del perímetro del círculo. Así, de esta forma, el despreciado círculo central pasa a ser el lugar de la desesperante espera y claro, el lugar del inicio de la más apoteósica  celebración y por contrapartida, de la más lúgubre tristeza, dependiendo del desenlace.

Demostrada desde el punto de vista reglamentario, la utilidad de esa esfera inmensa que cubre el centro del teatro de emociones que constituye nuestra pasión, vayamos un poco más allá del librito de cánones y normas dictadas por los brillantes hombres de la rubia Albion y tratemos de ponerle al asunto un poco de sentimiento, materia prima sobre la cual se alimenta y sustenta el deporte más universal del planeta.

Bajo esta última premisa, el circulo central es y viene a representar la génesis de todo el universo futbolístico que cobrará vida a lo largo de esos sagrados noventa minutos en donde nada más existe y tiene importancia. Cualquiera que haya asistido a un campo de fútbol, bien sea desde el máximo privilegio de formar parte de los 22 guerreros que darán vida a una de las expresiones de raza y coraje más significativas del ser humano, o bien como meros observadores de tan excelsa lucha desde la subestimada comodidad de la tribuna, saben que existe un momento mágico, único e irrepetible, que tiene como principal protagonista a esa circunferencia que divide en dos partes iguales el maravilloso rectángulo de pasión y amor que constituye la cancha.

Es ese momento, justo antes de que suene el pitazo inicial, donde confluyen las esperanzas, las alegrías y los sueños de todos los involucrados en el ancestral espectáculo. En ese momento no hay equipo débil ni equipo fuerte, ni tampoco super estrellas o simples y anónimos jugadores. En esos pocos segundos que preceden al inicio del partido centenares, miles, millones de corazones laten a un mismo ritmo. En ese momento, todos podemos ser campeones mundiales. Es la magia del fútbol, que nace justo en ese círculo central, donde descansa la brillante pelota heredera de tantas otras que la precedieron en el solitario punto que señala el centro de todo lo existente. Por unos breves instantes, no existen guerras, problemas, enfermedades ni diferencias de ningún tipo. Lo único que une a las personas es la inacabable energía que confluye  en ese círculo central. 

Luego suena el pitazo inicial y el momento mágico da paso a la cruda realidad, no por eso menos mágica: la efervescencia del público y al sudor de los jugadores. Un nuevo partido ha nacido, parido desde las entrañas de esa zona circular que fue por breves segundos, cual madre tierra, receptora perfecta de la emoción humana multiplicada hasta el infinito y concentrada en ese sagrado círculo. El partido debe seguir creciendo y hacerse fuerte por sí mismo, llevando emoción, felicidad y la inevitable tristeza, según sea el caso, a los millones de feligreses que hoy plenan las tribunas y se multiplican por la magia de la televisión. Finalmente, deberá inexorablemente morir, porque el tiempo implacable no perdona y menos a esta danza universal de noventa minutos y un poco más.

El árbitro señala el final del partido y hacia el centro de la desolada circunferencia señala. Todo termina donde todo comienza. Jugadores y público dejan su aliento cansados de soñar, reír y llorar. El estadio se vacía y las luces se apagan. El inmenso silencio se hace dueño de todo alrededor, como si nunca hubiera existido nada allí.

Y sin embargo allí sigue y seguirá el solitario círculo central, esperando de nuevo el día, la hora y la oportunidad de llevar sobre su limitado espacio, así sea por unos breves segundos nada más, la esperanza y los sueños de todo un planeta. 









domingo, 27 de mayo de 2012

YO YA NO QUIERO...

Yo ya no quiero resolver los problemas de los demás, mientras los míos se quedan en la dulce espera de los invitados que nunca llegarán...

Yo ya  no quiero enfrentarme a la rutina del ir y venir, por un salario que solo me da para comer y sobrevivir en una ciudad llena de furia e irracionalidad...

Yo ya no quiero vestirme bien para guardar apariencias de un mundo irreal que solo existe en revistas de banalidades y en programas de TV...

Yo ya no quiero escuchar las promesas de malditos políticos que solo ven por su propio interés y arrastran la ignorancia y los sueños de la gente como si fuera su patrimonio personal...

Yo ya no quiero falsas amistades, que solo aparecen los días de cumpleaños y fiestas para regalar deseos que ni ellos mismos se creen...

Yo ya no quiero dormir temprano para alargar el inútil descanso de la rutina y de la mezquindad de los miles de problemas que no podremos solucionar...

Yo ya no quiero sacar cuentas para ver si llego a fin de mes, solo para comprobar que las cuentas comienzan de nuevo al mes siguiente...

Yo ya no quiero estar en una desolada sala de espera en cualquier aeropuerto para agarrar el último vuelo de la oscura noche...

Yo ya no quiero instalarme en una burbuja de cristal mientras el resto del mundo se cae a pedazos por las migajas de un mundo carente de sentimientos y de sinceridad...

Yo ya no quiero ser el de ayer, ni el de mañana...solo soy el de hoy, el único que existe...

Yo ya no quiero ser la esperanza de nadie ni el dueño de la verdad más absoluta, que por absoluta es la menos real que existe...

Yo ya no quiero ser la tristeza de nadie, porque nadie puede convertirse en mi tristeza y deberme algo por ella...

Yo ya no quiero seguir encerrado en las murallas de una absurda soledad, construidas para alejar todo lo bueno que la vida pueda dar...

Yo ya no quiero verte en cada botella de vino abierta al azar, ni en cualquier barra anónima de esta irreal ciudad...

Yo ya no quiero extrañarte ni desear que te vaya mal, ni verte reflejada en los miles de rostros que me encaran en cualquier lugar...

Yo ya no quiero vivir alejado de tu suave sonido al andar, donde con cada movimiento tuyo se perdió toda mi fe en salir invicto de ese extraño juego que es el amor y el olvido...

Yo ya no quiero ser tu enemigo ni tu rival, la vida es realmente corta para perderla en un irracional juego de estrategias y de inseguridad...

Yo ya no quiero gritar ningún otro gol sin tí, ni rozar mi mano con cualquier otra mano que no tenga tu nervioso sudor en una noche ajena y especial...

Yo ya no quiero escribir palabras que tú nunca llegarás a pronunciar...

Yo ya no quiero...

Yo ya no quiero sin tí...  


martes, 6 de diciembre de 2011

65 AÑOS DE MI VIEJO...

Se dicen rápido, pero como pesan. Hoy cumples 65 años de vida, 36 de los cuales he tenido el honor y el privilegio de ser tu hijo. Creo que ambos ya estamos como "viejitos" en nuestros respectivos contextos y, sin embargo, tú, como siempre lo dices, te mantienes como un joven de espíritu. Y de hecho, lo eres, siempre lo has sido.

Porque definitivamente, amén de todas las cosas que en la maravillosa aventura de ser tu hijo se pueden recordar, el que siempre seas un joven de espíritu es una de las principales, pero no la única claro. Sé que Raiza, Rina, Nelson y Rosnel tendrán su propio anecdotario dedicado a tí, pero yo también tengo el mío particular, y dado que es tu cumpleaños, ando como con ganas de recordar algunas cosas del mismo.

Recordar sobremanera lo mucho que me gustaba caminar de tu mano. Tengo grabada esa imagen de los días sábados y domingos en parques y centros comerciales. Rosnel de un lado y yo del otro. Nunca me sentía tan protegido como cuando tomabas mi pequeña mano para caminar a tu mismo ritmo. Claro, con la entrada de la adolescencia ya era una raya caminar de la mano contigo. Rosnel sí pudo seguir disfrutando de ese privilegio durante mucho tiempo más y creo que incluso hoy lo sigue haciendo. Cuestiones del machismo o sexismo pues. Pero incluso hoy, cuando la vorágine de la vida llega a pegar en ciertas ocasiones de manera inmisericorde, mi mente se permite viajar de vez en cuando a esas calles soleadas del centro de la ciudad en un sábado cualquiera, y entonces camino de tu mano otra vez, protegido como nunca, con Rosnel del otro lado, rogándote para que nos compraras todas las chucherías que Doña Rosa nos prohibía en la semana.

Recuerdo también lo mucho que disfrutaba viajando contigo. Solía esperar como loco los meses de diciembre para que llegaran los juegos deportivos aquellos de Cadafe, a donde irías tú con tu famosa recta debajo del brazo, arma fundamental del equipo de softbol del entonces Distrito Federal. Recuerdo que al comienzo nos llevabas a Nelson y a mí. Luego el "mentepollo" de tu hijo mayor se fastidió de ir, y el único que te acompañaba era yo. Para mí no había mayor emoción que viajar solo con mi papá. No existían mamá ni hermanas fastidiosas. El mejor viaje que hicimos fue aquél a San Cristóbal en el año 89. Salimos un día viernes (o jueves?) al mediodía en el Malibú blanco, en un maratónico viaje de 10 horas por carretera. A la emoción de ir de copiloto todo el viaje se le sumaba el poder conocer todos esos pueblos a los lados del interminable camino, gusto que mantengo incluso hoy. Recuerdo que nos agarró la noche en Acarigua y dormimos alli, en un hotel llamado Payara. Por cuestiones de la vida, una catajarra de años después, motivado al trabajo, viajaba recurrentemente a la misma ciudad y dormía en el mismo hotel. Por supuesto, cada vez que llegaba allí recordaba aquel fantástico viaje, para mí uno de los mejores que hice, mil veces mejor que cuando me llevaste a Disney.

Y ni hablar de las veces que me llevabas al estadio. Disfruté mucho el beisbol, como no, y más si tú eres fanático de La Guaira y con la samba siempre justo detrás de nosotros. Era la época de la famosa "guerrilla". Debes saber que en ese pulso invisible entre madre y padre por la afición de sus respectivos equipos, mi inclinación por el lado de Doña Rosa y del Magallanes ganó por muy poco a la de los Tiburones, pero aquí entre nos, cuando gana La Guaira, ese 50% de ADN que llevo tuyo baila su pedacito de samba también. Los que sí nunca tuvieron chance de nada fueron los gatitos con reumatismo esos que mientan leones. Es que mi composición genética no podía ser traicionada de esa forma. No sé de verdad de donde Nelson y Raiza son caraquistas, (Rina siempre ha sido sospechosa, pero nada se puede probar todavía) pero eso es una afrenta a la familia.

Pero debes saber que uno de los momentos más felices de mi vida no fue cuando me llevaste al estadio de beisbol, sino al de fútbol. Recuerdo como te suplicaba que me llevaras a ver algún juego de ese "fútbol tan malo" como tú le decías. Me llevaste a algunos, como el buen papá que siempre fuiste. Pero hubo un juego en particular que es el que viene a mi mente. Era un domingo y jugaban los desaparecidos Marítimo y Deportivo Italia en el Olímpico.Yo TE ROGUE durante toda la mañana que me llevaras y tú siempre inflexible: "no veo ese fútbol tan malo". Ya resignado, me acosté a dormir mi siesta vespertina. Todavía recuerdo como si fuera ayer. Me despertaste y me preguntaste a que hora era el juego. Yo, todavía medio dormido, te respondí que era a las cuatro. Y entonces vino la frase mágica, la que nunca se me olvidará mientras viva: "Vístete pues". Mi alegría no cabía en mi pequeña humanidad. Creo que durante el resto del día no se me borró nunca la sonrisa. Casi que hasta te puedo decir exactamente donde nos sentamos en el estadio: ese día por primera vez fuimos a gradas, porque la tribuna principal extrañamente, estaba como llena. El partido terminó cero a cero y tú soportaste 90 minutos de ese fútbol que no te gustaba mucho.

Traigo a colación esos tres momentos. Por supuesto que en mi anecdotario existen muchos más, pero entonces no terminaríamos nunca y corremos el riesgo de llegar a tus 120 años y yo todavía escribiendo. Pero sí queda un poco de espacio para recordar otros pequeños detalles, tan inolvidables como el resto.

Recuerdo por ejemplo todos esos lunes en la mañana despertándote silbando y con una sonrisa, mientras fastidiabas a Rosnel con las preguntas más irrelevantes del mundo. Rina ni se inmutaba. O cuando levantabas a Raiza con una olla de cocina porque tenía que pararse para ir a la Universidad. Recuerdo verte levantado siempre de la cama antes de las 5 y media de la mañana, y con buen humor. Recuerdo no verte faltar nunca al trabajo, salvo cuando te operaron de la hernia aquella. Siempre te recuerdo leyendo, libros de derecho o periódicos. Recuerdo verte siempre de traje y corbata, impecablemente perfumado. Recuerdo tu espaciosa oficina de Consultor Jurídico, y lo bien apreciado que eras entre todos tus compañeros de trabajo. Recuerdo tu recta afilada debajo del brazo con el que ponchabas a todos esos barrigones del softbol. Recuerdo tus innumerables uniformes, guantes y trofeos.

Ahora estás jubilado, con un poco más de cana y muy barrigón, en la función de abuelo. Y bueno, para no perder la costumbre, son también cinco tus nietos, por ahora. Pero se te ve cómodo. Tus nietos te adoran. Daniel es la viva estampa tuya, Mariana te ve y se olvida del resto de las personas. Rafael se emociona como nunca cuando lo vas a buscar y hasta fanático de La Guaira se ha hecho por tí, a pesar de que creo que ni siquiera le gusta el beisbol. Oriana es clase aparte contigo y Héctor A, bueno, él es como yo, no muestra mucho, pero el sentimiento está allí, en el corazón, donde de verdad importa.

Y no solo es el sentimiento de un hijo eternamente agradecido con la vida por haberme regalado un papá como tú. Es un sentimiento de verdadera admiración por todo lo que tú has sido, por tus acciones, porque sé que ahora andas por la vida con la mirada en alto y con esa tranquilidad que sólo tienen los hombres que nada tienen que temer, porque han cumplido con su parte del trato y han pasado el difícil examen de la vida, con nota sobresaliente además.

Así que gracias panzón, gracias por estar siempre allí para nosotros. Gracias por tantos sábados y domingos llenos de chucherías y refrescos. Gracias por nunca pegarnos. Gracias por llevarnos y traernos. Gracias por conocer a Mickey y al Pato Donald. Gracias por las pelotas de fútbol y las películas de VHS. Gracias por tantos paseos y comidas, por la ropa y los zapatos, por las pantalones de moda y por los libros. Gracias por darnos la mejor educación posible. No tenemos forma alguna de pagártelo, aunque seguramente tú nunca nos los cobrarías.

Y sobre todo, mi viejo querido, gracias por llevarme al fútbol aquella lejana tarde de domingo. Fue el mejor regalo que me pudiste hacer en toda la vida...

Feliz Cumpleaños Papá...